La amistad como trinchera
Hay algo profundamente reconocible en Parque Lezama: no tanto en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta. En ese banco de plaza donde transcurre casi todo, no solo se sientan dos hombres; se sientan también el paso del tiempo, las ideas que ya no encuentran eco y la necesidad —cada vez más urgente— de no estar solos.
Juan José Campanella vuelve a trabajar con Luis Brandoni y Eduardo Blanco, una dupla que encuentra aquí una nueva forma de resonar. La película retoma el espíritu de la obra teatral (basada en I’m Not Rappaport), pero encuentra en el lenguaje cinematográfico una nueva respiración. Lo que en teatro funciona desde la convención, en el cine se vuelve materia viva: el parque, los sonidos, los silencios, las interrupciones del mundo.
El vínculo entre los personajes se construye desde la fricción. El personaje de Luis Brandoni habla, despliega relatos, insiste en una épica personal que quizás nunca existió; por su parte, el de Eduardo Blanco escucha —o eso parece—, intentando sostenerse en una realidad que no siempre alcanza. En ese ida y vuelta, lo que emerge no es tanto la verdad de los hechos, sino la verdad del vínculo: esa forma de compañía que se arma como se puede, incluso desde la contradicción.
Como Antonio, Brandoni compone un personaje que oscila entre la lucidez y la fantasía con una precisión notable, mientras que Blanco, en el papel de Roque, aporta una humanidad silenciosa, casi a contramano, que termina siendo el anclaje emocional del relato. Juntos, construyen una dinámica que evita el golpe bajo y, sin embargo, conmueve.
La dirección acompaña sin subrayar, confiando en la potencia de la palabra y en el peso de los cuerpos. Hay también, como en toda buena historia aparentemente pequeña, una lectura más amplia: sobre el envejecimiento, sobre el lugar de los adultos mayores en una sociedad que los corre del centro, sobre la fragilidad de los vínculos en tiempos donde todo parece descartable. Pero esta historia no acentúa; deja que esas capas aparezcan de a poco, como quien no quiere imponer sentido sino habilitarlo.
Quizás ahí radique uno de sus mayores aciertos: en no forzar conclusiones. En dejar que el espectador se quede un rato más en ese banco, escuchando, observando, completando.
Porque al final, lo que queda no es tanto la historia que cuenta, sino la sensación de haber compartido algo íntimo. Algo que, como los encuentros verdaderos, no siempre se explica – pero se queda un rato más con uno.
Disponible en Netflix, para quienes quieran encontrarse con esta historia en primera persona.
FICHA
Género:
Comedia dramática
Director:
Juan José Campanella
Productor:
Muriel Cabeza
Música:
(No figura acreditación)
Fotografía:
Miguel P. Gilaberte
Elenco:
Luis Brandoni
Eduardo Blanco
Verónica Pelaccini
Agustín Aristarán
Manuela Menéndez
Alan Fernández
Matías Alarcón
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