Amarillo

Amarillo

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: domingos 16:00 hs.
    Lugar: Teatro Celcit (Moreno 431, CABA)

  • Salas:

    Prensa: Octavia

 

Oro, cólera, envidia.

Amarillo refiere a hechos remotos, a una historia de desenlace cruento ocurrida en épocas críticas de la República Romana, durante el segundo siglo antes de Cristo.

Tiberio Graco, Tribuno de la Plebe que fomentaba la reforma agraria para beneficiar a las clases más empobrecidas, ha muerto asesinado por intervención del Senado.

La obra comienza su relato cuando Cayo Graco, hermano de Tiberio, retoma y continúa las propuestas de éste, en abierta confrontación con la clase aristocrática.

Sucede que, una vez puestos en marcha los personajes y sus conflictos, nos resulta evidente que Amarillo es una tragedia política, un padecimiento endémico que cumple sus ciclos a lo largo de toda la historia. Sus condimentos son los conocidos, aunque esto no determine lugares comunes, sino más bien todo lo contrario, particularidades;  son sobre los que se asientan las acciones y la historia misma: lealtades, pasiones, convicciones, conveniencias, traiciones… El desarrollo de la pieza se va sazonando así, y de manera creciente, en intensidad y dramatismo.

Los contrastes temporales se expresan en primer lugar mediante el vestuario, constituyendo éstos un primer indicio de esta condición cíclica: algunos trajes indican correspondencia con la antigüedad romana, otras con el siglo XIX o principios del XX. Otro recurso es el de introducir elementos que no pertenecen a esa época pre-cristiana, como paraguas, revólveres. Un tercer recurso es la incorporación del baile del can-can, que aunque se realiza sin música y por solo unos instantes, es evidentemente algo ajeno. Todo esto produce un efecto atemporal en la obra, llevando de alguna manera el tema de la política y el poder con sus vicios y virtudes a través de la historia humana.

Dijimos que las etapas políticas de los pueblos cumplen ciclos. Otro elemento asociado a esta idea de continuidad ondular es la disposición circular de la escenografía, signo de la repetición infatigable de la tragedia, que carga con una connotación aún más terrible en cuanto advertimos que también circular era la forma de la arena romana.

Queda entonces manifiesta la relación entre la reiterada fatalidad política y el entretenimiento vano, aquel circo que en tiempos de crisis era aportado por los propios poderosos para embrutecimiento y distracción del pueblo, y que en poco se ha visto modificado hacia nuestros días.

En el contexto del CELCIT, resulta además interesante esta puesta circular de la obra, ya que su sala está preparada para una mirada desde tres puntos de vista diferentes. La obra puede ser vista más de una vez y la vivencia teatral dependerá entre otras cosas, del lugar en donde el espectador se siente a verla.

Además de esta temporalidad que no es fija, por los recursos que ya mencionamos, también se produce un diálogo entre el registro formal del teatro clásico con actuaciones encaradas desde lo cómico burlesque; de esta manera la articulación de los personajes en la historia, que van por un camino de un dramatismo sin freno, es matizada por toques de humor y de cierto gusto por lo bizarro que relajan el desarrollo de la obra.

Esta circularidad plantea – nos plantea – cuestiones ligadas al devenir de los pueblos – de nuestro pueblo -…de cómo los procesos de poder se desarrollaron en la antigua Roma y continúan haciéndolo hoy en día. Y promueve a la reflexión acerca de los sueños y utopías de unos, que son pisoteadas por las mezquindades y ruindad de otros.

La primer obra del gran Carlos Somigliana (escrita en 1959) es en este caso adaptada y dirigida por Facundo Ramírez, con una puesta en escena que se aventura a romper la tradición clásica pero sin perder el contenido ni la fuerza del mensaje.

Cayo Graco (Manuel Vignau) es un hombre de fuertes convicciones morales, de una ética profunda, de sentimientos nobles y valientes. Tiene como objetivo el de mejorar las condiciones de vida del pueblo.

A él se enfrentan los senadores Lucio Opimio, Claudio Valerio y Marcio Pomponio (Pablo Finamore, Facundo Ramírez y Mario Petrosini). Estos tres personajes son de una factura muy especial. Su vestuario es atípico para esa época romana: van de grandes tapados coloridos; de porte un tanto andróginos con ropas muy ajustadas al cuerpo, de cuero, medias de red y mucho maquillaje, casi bufonesco.

Del lado del tribuno están Fulvio Flaco (Mario Mahler), su mujer Licinia (Luciana Ulrich) y su madre Cornelia (Patricia Becker), los tres de notable actuación.

Otro personaje que rompe las formas de lo que sería una puesta clásica es Lucio Septimuleio (Luciano Linardi) con un personaje con bombín y medias de colores a rayas. Es el presentador, pero también es el que se vende por dinero, el soplón, el entregador. Es otro que no tiene escrúpulos.

Los ciudadanos (Manuel Fernández Othaehe, Manuel Martínez Sobrado y Matías Garnica) son personajes que también remiten a otra temporalidad por su aspecto, pareciendo más bien proletarios de comienzos de siglo xx.

Por último, Livio Druso (Gustavo Chantada) es quien va a estar destinado a  cambiarlo todo. Antiguo amigo de Cayo, es ahora su contrincante político. Ambos tenían las mismas convicciones, pero su cambio, su transformación (su traición) es la que permite la tragedia, la caída y la muerte de Cayo.

Amarillo es una obra de principio de los 60 que tiene por tema una situación acaecida hace más de dos mil años pero que habla profundamente del hoy. Y esa actualidad es la que trasciende.

Ficha:

Elenco (por orden alfabético): Patricia Becker, Gustavo Chantada, Manuel Fernández Othacehe, Pablo Finamore, Matías Garnica, Luciano Linardi, Mario Mahler, Manuel Martínez Sobrado, Mario Petrosini, Facundo Ramírez, Luciana Ulrich, Manuel Vignau.

Dirección y Adaptación: Facundo Ramírez

Categories: Reseñas

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