Passiente en juicio

Passiente en juicio

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La pasión y el peligro

Cuatro personas en una sala a oscuras. Uno está desplomado, Carlos (Coco Drisas). Otro, sentado a su lado, piensa, Luis (Dieguito Carbone). A su izquierda, dos mujeres, de espaldas, miran con estupor. Una viste con ropa formal, Ana (Paula Erregue). La otra, vestido blanco, de boda, María (Valentina Maciariello Burgos).

La situación que se desenvuelve es paradigmática y aún así, Alexis Quartino (dramaturgo y director) guarda algunos ases bajo la manga para que no todo sea lo que parece. El grupo está encerrado y deben exponerse y decidir. Una voz que emerge de parlantes los somete y obliga: hay uno de ellos que es “peligroso” (¿culpable?). La cuestión es determinar cuál y por qué. Si por lo que hace, por lo que dice o por lo que hizo.

La tradición de obras en las que se monta Passiente es enorme. Desde la saga de terror Saw (culpables son sometidos a pruebas para redimir su pasado), El método Gronhölm (una entrevista de trabajo deshumanizante) o, incluso, 12 hombres en pugna (un grupo de acalorados miembros de un jurado deciden por la vida de un jóven poniéndo sobre la mesa sus propias culpas).

Sin embargo, la inspiración nuclear para Quartino es, sin lugar a dudas, Sartre. La obra respira existencialismo en toda su extensión. Lo que está principalmente en juego, entre los cuatro integrantes es la passio (palabra latina para pasión), el hálito de vida. Dicho en criollo, “lo que a uno lo calienta”. Ya sea para darle sentido a la vida o para que lo pierda en un acto desmedido.

El espectador es juez, se involucra, se proyecta en las individualidades, tratando de descubrir o producir un culpable. ¿Es necesario que siempre haya un culpable? La acción dramática despliega una paranoia de la que emana siempre fuerza y tensión.

Esta es la tercera obra dirigida por el autor, pero la primera de su autoría. Ya se pudo ver en Venecia (su primera puesta) la coralidad y el poder transportador del monólogo. En Splatter Rojo Sangre, su segunda puesta, refinó el trabajo con el detalle de color y profundizó en la presentación de la violencia en escena.

Passiente es una obra donde se sintetizan todos estos estímulos, en un universo claustrofóbico y filosófico. Un no-lugar donde los ecos acusatorios pululan. Una consciencia compuesta de cuerpos que dialogan y se enfrentan. Como en toda obra de dramatismo intenso, la salud mental de cada personaje pende de un hilo, sino es que ya cayó por el precipicio.

Para el final, Passiente, propone una lectura como la que planta Lynch en Mulholland Drive. No se trata del giro o el desenlace sino de la marca que pudo alguna imágen, algún texto, algún silencio, haber dejado durante esa pesadilla.

Ficha:

Actúan: Dieguito Carbone, Coco Drisas, Paula Erregue, Valentina Maciariello Burgos

Asiste: Antonella Siman

Produce: Éter Producciones

Escribe y dirige: Alexis Quartino

Categorías: Reseñas

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