Maldito desierto (TABA)

Maldito desierto (TABA)

Ficha

  • Datos de funciones:

    Mutuverria Pr

 

Ayer lloré

Maldito desierto es una obra llena de ritmo, el de los cabellos zarandeados en todas direcciones, de los pies golpeando en el suelo, de los cuerpos que danzan como en un juego y al mismo tiempo perfectamente sincronizados y de bellas conversaciones en secreto, susurradas alrededor de un solo micrófono. Maldito desierto es un deleite de principio a fin, llevando al público a un viaje a la intimidad de cuatro amigas que tienen mucho que contar acerca del llanto.

“Ayer lloré”, dice una de ellas, y todas se miran buscando a la culpable del suceso emocional. Otra cuenta que lloró mirando a un espejo y provoca un debate, será que se compadece de sí misma al mirarse y eso la hace llorar más, o le da empatía mirar a alguien llorar, o es un llanto fingido, como actuando, o será… otra habla de las lágrimas del cocodrilo, o caimán, o yacaré, o lagartija, no, la lagartija es de otra especie más lejana. ¿Será que el viento le seca los ojos y por eso no tiene lágrimas? Otra dice “a llorar a la Iglesia”.
Se suceden diversas conjeturas acerca de las causas, el proceso y el fin del llanto; en esa reunión secreta, susurrada, confiesan si han podido llorar o no, cómo lloraron, con quiénes, por qué, enumeran todas las películas que hacen llorar, e interrumpen sus relatos cantando pequeños trechos de canciones que hablan del llanto.

Sus voces cantando suenan alegres, llenan el espacio, llevan un sello lúdico, como de infancia o de una plena juventud. Tal vez esta obra recuerda la esencia del juego, que nunca acaba, delatando que en las cuatro mujeres ya adultas sigue muy viva la niña interior. En ese mismo tono surgen persecuciones a través del espacio, que se presta perfectamente para dicha dinámica, con dos puertas y escaleras por las que aparecen y desaparecen, donde las actrices dejan al público mareado y estallado de risas.

De escenografía y utilería no tienen más que el micrófono, un amplificador y una guitarra. Sus cuerpos ocupan el teatro de tal forma que no necesitan más que esos elementos, el espacio despojado realza más aún los movimientos de las actrices. Los vestuarios sencillos, con zapatillas deportivas y ropa casual, no disminuyen ni un poco el clima fantástico al que son capaces de llegar. El resultado es admirable por su destreza actoral, física, musical y rítmica, y por la capacidad de provocar las risas durante todo el espectáculo. Generan expectativas para la futura temporada de Maldito desierto, y también por qué no, de más obras de Bernardita Epelbaum.

 

Ficha 

Autoría: Bernardita Epelbaum

Actúan: Gisela Baiardo, Bernardita Epelbaum, Delfina Oyuela, Eva Palottini

Diseño de vestuario: Ramiro Bailiarini

Diseño de iluminación: Mariano Basile

Operación técnica: Mauro Luno

Colaboración artística: Casa Teatro Estudio

Producción: Florencia Schrott

Dirección: Bernardita Epelbaum

Categorías: Reseñas

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