Crítica de: Monet inmersivo
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Vivir el impresionismo con Monet
Sin lugar a dudas esta es la época de lo virtual, del “online”, de las pantallas y quedarse adentro, total los encuentros son a través del fino vidrio que divide el espacio personal del mundo, pues esta muestra rompe con ese paradigma.
La propuesta en tiempos de distancia, es acercarse de tal manera, que el espectador termine siendo parte de la obra. El Centro de Experimentación del Teatro Colón presenta “Monet inmersivo” y si bien su obra es central, también se pueden apreciar a otros pintores impresionistas.
El recorrido propone descubrir al pintor desde la vivencia, con diferentes formatos a medida que se avanza.
Vale recordar que Monet es considerado el padre de este género, en el que se prioriza captar como la luz transforma las escenas, a través de pinceladas cortas, con trazos rápidos que muestran la fugacidad del tiempo, trabajando preferentemente frente a la naturaleza, fuera del estudio.
Este paseo tan particular inicia con espacios de paso, completamente decorados, que emulan cuadros del pintor a los cuales los visitantes pueden sumarse, donde las flores, los puentes y el color son protagonistas.
Luego una muestra de cuadros, incluyendo los más icónicos del artista como “Mujer con sombrilla” entre muchos otros. Luego de algunas salas, llega el primer recreo lúdico, en un cuarto vacío, dónde se van proyectando pinturas de flores en paredes, techo y piso, generando la sensación de ser parte de ese lienzo, pudiendo jugar con la luz, el color y el movimiento.
Algunas otras salas con caballetes y paredes con bellas pinturas tanto de Monet, como Manet y otros representantes del estilo (con su impronta propia).
A continuación tres salones completamente inmersivos, con asientos y almohadones en el suelo, donde también se proyectan en las paredes y el piso, imágenes que no sólo muestran su obra, sino que cuentan la historia y el contexto en el que él vivió. Una experiencia muy sensorial.
También hay un espacio para que cada uno intente hacer su propia creación y para finalizar, todo cobra volumen porque unos lentes de realidad virtual, muestran un 360° de la obra, con un relato que acompaña; un broche magnífico.
El recorrido se puede hacer de dos formas (sobre todo la primera parte), con una guía que sale cada 15 minuto o de manera independiente, leyendo las explicaciones, cada uno elige lo que más le cierra.
A lo largo de la caminata, hay espacios para sacarse fotos, sumando a la sensación de ser parte.
Una experiencia diferente, que acerca a la pintura de manera lúdica, sin dejar de ser contemplativa por momentos, pero en todo caso, invitando a estar completamente presente, una forma divertida de acercarse al arte.
Un gran plan para hacer algo diferente.
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