Alberdi, el musical
Ficha
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Datos de funciones:
T.N. Cervantes
Bajó
Contra el excepcionalismo argentino
No es para nada exagerado abordar el siguiente juicio: Hamilton, el musical compuesto y protagonizado por Lin-Manuel Miranda, en cartel desde el 2015 hasta hoy, es el acontecimiento del teatro comercial más importante de este siglo. Podría haber sido un éxito más, de los cientos que pasan por Broadway; pero una serie de oportunidades fueron el viento que empujó esas velas mucho más lejos.
Lo más obvio para señalar es su singularidad: mezcla lo solemne y pesado de la historia con la insolencia y dinámica del hip-hop. Más importante, su color político coincidía con el ánimo social en su país y, quizás, el resto de occidente. La vida y obra de un prócer huérfano e inmigrante que luchó contra el colonialismo, la esclavitud y el racismo. Menos advertido, una excelente filmación de la obra, estuvo disponible en Disney + durante la pandemia y el boom de expansión de las plataformas. Eso movió sus números en otra escala.
A raíz de esto, cada jóven amante del teatro musical, en cada país del mundo, en algún momento, pensó: “hay que hacer el Hamilton de mi país”. En Argentina, quién llevó hasta las últimas consecuencias esta idea se llama Pablo Flores Torres. De ahí surge Alberdi, el musical.
Trabajando profundamente en lo histórico, Flores Torres, tomó una serie de decisiones que son, seguro, mucho más difíciles de lo que aparentan. A este procedimiento tentador (tomar de referencia un mega-éxito) el autor de Alberdi no quiso darle vueltas. Las reminiscencias entre los dos musicales son totales y advertidas. Incluso se menciona al personaje norteamericano en voz alta, se repiten coreografías, melodías, elementos de la puesta.
Ambos personajes son huérfanos, mujeriegos, contemporáneos uno al otro, participaron de los debates de sus épocas y fueron fundamentales para la confección de las constituciones de sus respectivas repúblicas. Luego, hay algunas traslaciones que podrían sentirse espiritualmente análogas. Mientras que Hamilton es hijo de un escocés, Alberdi es tucumano. Luego, hay insalvables diferencias: Hamilton era un hombre pobre con hambre de gloria, un soldado desesperado por la batalla, de convicciones inclaudicables y dispuesto a morir por ellas; Alberdi era un acomodado miembro de la aristocracia, un librepensador siempre dispuesto al diálogo. Más veces Alberdi se exilia para evitar conflictos, de los que Hamilton llega a tomar un arma (y eso que las toma en varias ocasiones).
¿Pero qué pasa con las obras?
El musical de Flores Torres lleva a buen puerto su consigna. Su musical logra reflejar la vida y obra de esta figura menos central de la historia argentina siendo una radiografía de su época, decodificando en escena su ideología y confeccionando momentos musicales icónicos y atractivos. Al igual que Lin-Manuel Miranda, Pablo Flores Torres es el centro total de la propuesta escénica y le hace justicia a esa centralidad. Interpreta tanto en la composición actoral y en la musical con maestría y solvencia.
El resto del ensamble del musical argentino, funciona de forma similar al norteamericano. Permite también que destaquen figuras periféricas o rivales al protagonista. Los distintos miembros del elenco hacen varios personajes con el correr de los años en la historia, apelando a estrategias económicas de composición en el canto y la actuación para diferenciarlos. Destacan Julieta Molina con su brutal Encarnación Ezcurra; Jazmín Lorenzo en su retrato aplomado de la primera periodista mujer de argentina Petrona Rosenda; las figuras delicadas y seductoras que arman Malena Bruzzo y Abril Roitman con sus Mariquitas Sanchez de Thompson y Manuelita Rosas respectivamente.
También la obra cuenta con un punto álgido en el final trágico de Camila O’gorman como punto de inflexión en la caída del rival político del protagonista, Juan Manuel de Rosas.
Sobre esto, es inevitable hacer una consideración. El musical norteamericano cuenta la épica de un hombre cuya vida es acelerada, accidentada, singular y trágica. Su estructura es bien clásica, tiene un narrador, tiene actos bien separados. En cada acto Hamilton se enfrenta a distintos rivales, con distintos peligros y estrategias. Es una obra fractal, tiene detalles y vaticinios por donde se le busque.
La versión argentina se asemeja a la norteamericana pero sólo en la superficie. Robar en el arte no es para nada un inconveniente, ni un delito. Sin embargo, el riesgo de robar demasiado del mismo lugar es que la comparación, luego, es imposible de evadir. El desarrollo dramático que construye la versión argentina, con mucho, se puede empatar a un sólo acto de su inspiración original. La trenza de lo político, lo personal, lo romántico y lo coyuntural en Hamilton está cuidadosamente entrelazada y pulida; en Alberdi no parece haber tal trenza, sino una serie de eventos que responden al arbitrio de parecerse a la otra obra.
La tesis que logra, dentro de su postura ideológica liberal, es la de “una obra sin buenos, ni malos”, en una pose conciliadora que sí, atraviesa toda la obra, pero que quizás le reste atractivo dramático y profundidad ideológica. Pensada de atrás para adelante, sin atravesar las tensiones, las traiciones, las violencias. Como mucho mencionándolas.
No sería justo pensar a Alberdi únicamente al lado de su inspiración. Por suerte para la cartelera porteña, los espectadores y amantes del género musical cuentan con otro exponente igual de atractivo y ambicioso: Invasiones I. Este musical es todo lo que Alberdi no es y viceversa. Para bien y para mal. Y no sólo desde lo ideológico.
La obra del Teatro San Martín muestra una imponente escenografía, llena de efectos y dispositivos, mientras que la puesta de Torres Flores acude a una proyección de fondos que, la mayoría de las veces, resulta poco atractiva. A la vez, su exquisita música basada en la obra de Charly Garcia, es totalmente placentera para cualquier argentino amante del rock nacional, pero se puede volver caprichosa o anticlimática a la hora de acompañar la acción escénica y dramática. Por último, en donde Invasiones es más bien acelerada y de una narración más difusa y poética; Alberdi logra un pasar épico, con una impronta más pop y amigable que a la otra le habría ayudado para darle importancia a todo esa inversión material escénica.
En últimas instancias, el musical argentino está dando muestras de ya tener suficiente recorrido como para animársele a cualquier cosa y eso es para celebrar. Lo que mejor sensación dejan estas experiencias es en miras a futuro. Cuando estos excelentes
intérpretes y creadores se animen a apropiarse sus influencias y amasarlas en algo propio y distinto. Ahí “el mundo va a hablar de nosotros”.
Ficha
ELENCO
ACTRICES – PERSONAJES
Abril Roitman – Manuelita Rosas
Ailin Pábago – Felicitas Abadía
Isabel Barón – Ignacia Gómez
Fina Insua – Camila O’Gorman
Jazmín Lorenzo – Petrona Rosenda
Juliana Fandiño – Lasthenia Videla
Julieta Molina – Encarnación Ezcurra
Malena Bruzzo – Mariquita Sánchez de Thompson
Merlina Di Rocca – Isabel De La Sierra
Pauli Kisel – Angelina Daugé
Sofía Jazmín – Elenco / Swing femenino
Melanie Servi – Elenco / Swing femenino
Camila González – Elenco / Swing femenino
Luna Mendilaharzu – Elenco / Swing femenino
ACTORES PERSONAJES
Coqui Del Piano – Juan Manuel de Rosas
Juan Esteban Bonora – Esteban Echeverría / Nicolás Avellaneda
Lautaro Levato Russo – Miguel Cane / Bartolomé Mitre
Lean Ríos – Vicente Fidel López / Justo José de Urquiza
Gonzalo Cano – José de San Martín / Elenco / Swing masculino
Lucas Córdoba – Facundo Quiroga / Domingo Faustino Sarmiento / Juan Lavalle
Martín Maldo – Giuseppe Garibaldi
Pablo Flores Torres – Juan Bautista Alberdi
Paulo Arlettaz – Juan María Gutiérrez
Santino Marsicano – Ladislao Gutiérrez
Leonardo M Pardo – Portada: Miguel Cane / José de San Martín / Bartolomé Mitre
Daniel Mercado – Elenco / Swing masculino
Gonzalo Cepeda – Elenco / Swing masculino
Autor e Idea Original: Pablo Flores Torres
Música Original: Pablo Flores Torres
Revisión de Letras: Fina Insua
Dirección General: Sergio Lombardo
Asistente de Dirección: Yami Martínez
Dirección Vocal: Florencia Grasso
Coreografías: Fina Insua
Producción General: Pablo Flores Torres, Leonardo Pardo, Lele Montero, Paula Kisel, Juan Esteban Bonora, Sergio Lombardo
Escenografía (diseño y realización): Lourdes Trohavcic – Carlos Silva – Mil Hojas Producciones
Escenografía Digital: Pablo Flores Torres
Diseño de Vestuario: Silvina Parodi
Realización de Vestuario: Wyka23 – Sonia Williams – Patricia Lastra – Delia Ponce – Cecilia Gómez
Diseño de Peinados y Make Up: Mg Studio
Gestión de Recursos Humanos: Paula Kisel
Producción Ejecutiva: Lelé Montero
Producción Técnica: Silvina Parodi
Producción Comercial: Juan Esteban Bonora
Asistentes de Producción: Bri Pavón – Benjamín Nicosia – Melanie Ferreira – Francisco Villagra – Patria Peries – Jazmín Goncalves – Bri Pavon
Responsables de cabina: Benjamín Nicosia – Patricia Peries
Jefa de Escenario: Bri Pavon
Creación de Contenido: Yami Martínez – Merlina Di Rocca
Prensa: Kevin Melgar
Fotografía: Norberto Salazar
Diseño Gráfico: Valentina Sproviero
Género: Musical
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