La terquedad

La terquedad

Ficha

  • Reparto:

    La terquedad se presentará de jueves a domingo a las 20 hs., desde el 23 de febrero hasta el 25 de marzo
    Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815

 

La arbitrariedad del signo

El lingüista suizo Ferdinand de Saussure, uno de los padres de la semiología moderna, fundó parte de las bases de la relación entre la lengua y lo que ella describe. Estudioso de los signos, señaló, entre sus observaciones, que la relación entre éstos y las cosas que designan es arbitraria. Esto es, que una palabra denomine algo no obedece a ningún componente de sus propias letras o sonidos. Dicho de otro de modo, nada en la letra m ni la a hacen a los sujetos que estas designan, como por ejemplo, mamá; se trata de un acuerdo, llamado lengua, que nos conecta con nuestro entorno.  Con esa relación en mente, el azar de las convenciones sobrevuela mi mente en el teatro, en una nueva presentación de La Terquedad, un clásico moderno del contemporáneo Rafael Spregelburd.

Un relato, tres ángulos. Guerra civil española, albores de la segunda guerra mundial. Un ignoto pueblo valenciano repone, en la casa del comisario, el conflicto bélico reinante: fascistas y comunistas, republicanos y monárquicos. Los espectadores necesitamos un contexto, pero poco importa verdaderamente. Tenemos, también una ensalada de personajes que se sazona entre sí: el comisario, su hija enferma y la sana, la ex esposa, la nueva, el burgués, un editor de libros, un comunista, un autor, una sirvienta, el cabo, el cura, el inglés rebelde. De poco servirá al espectador que aún no la ha visto aclaraciones sobre la trama, puesto que uno merece ir con la menor información posible para ser deslumbrado.

El despliegue técnico es condición sine qua non para la espectacular puesta. El escenario debe rotar para desplegar, como bien se dijo, no tres posturas de una historia, sino tres visiones de un mismo objeto, la casa del comisario. Súmele además un show luminotécnico preciso que genera climas, sugiere ideas sobre el relato y potencia cada uno de los cuadros. Ni hablar de un diseño de escena que nos ubica en pleno caserío español al lujo del detalle. Por último y no menos importante, basta decir que la potencia actoral del elenco, a la par de todo lo anterior, da personalidad particular a cada uno de los protagonistas. Cierra por todos lados.

El ingenioso texto hace preguntas por la guerra, por el rol de la literatura, por el mito de la Torre de Babel y el futuro de las lenguas. Reponiendo el tono iluminista de la época por el cual la utopía del futuro es, según qué bando dijese, uno, y el momento siempre es ahora, los protagonistas quieren sortear el olvido y ser estelares de la historia, algo que pronto es descartado por la irrupción del absurdo. Todo pareciera merecer un sentido, pero, después de todo ¿hace falta? El autor lo sabe y se permite bromear espléndidamente con ello.

Al fin y al cabo, el trabajo de Spregelburd es el de maestro de los signos en su relato, encargado de establecer esas convenciones teatrales, históricas y lingüísticas con la platea para luego desafiarlas y romperlas. El resultado eleva el rigor histórico al humorismo, el lenguaje a la parodia y el teatro al juego. La obra logra nuestro acuerdo para luego introducir elementos insólitos y solo toma una noche porteña para semejante desafío artístico.

Después de todo, si de desafíos se tratase, es cierto que en este mundo de atención millenial, tres horas de teatro suenan a reto. Mas no nos engañemos: una joya merece cada minuto, y La Terquedad es, sin duda, una de aquellas provocaciones para salir estimulado y conmovido. No se trata de esos elitistas códigos para unos pocos, sino de un drama cómico dislocado de su tiempo, donde la carcajada emerge, de alguna manera, de puntos que a priori no son para la risa, otro logro de la composición. No hay pero que valga, en cincuenta años, cuando lea en libros historiográficos sobre teatro de esta obra, podré decir, con orgullo, que yo vi La Terquedad.

Ficha:

Escrita y dirigida por Rafael Spregelburd

Con: Paloma Contreras, Analía Couceyro, Javier Drolas, Pilar Gamboa, Andrea Garrote, Santiago Gobernori, Guido Losantos, Mónica Raiola, Lalo Rotavería, Pablo Seijo, Rafael Spregelburd, Alberto Suárez y Diego Velázquez.

Con música de Nicolás Varchausky, vestuario de Julieta Álvarez, video de Pauli Coton y Agustín Genoud, e iluminación y escenografía de Santiago Badillo.

Categories: Reseñas

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