25 millones

25 millones

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: sábados 22.30 hs
    Espacio Teatral “El Ópalo” – Junín 380

  • Salas:

    Prensa: Duche Zarate

 

Un grito de emoción y memoria

“25 millones de argentinos jugaremos el mundial” aclamaba la melodía de la publicidad que sonaba en el mundial de 1978. Nuestro país era la sede del juego de la pelota, ese que hasta hoy expresa la locura y la belleza de cualquier pathos. Argentina en un clima de desapariciones, torturas, robos de bebés y muerte por parte del terrorismo de Estado era el artificioso escenario de un mundial del que “saldríamos” campeones. Una representación grotesca de un país que se desmembraba en el foro. Un supuesto orden que  era desequilibrado por aquellos que estaban metidos en cosas raras, por los negros, los montos, los guerrilleros. Por aquellos que “algo habrán hecho”.

La obra de Lisandro Fiks 25 millones de argentinos, que también dirige, se configura en dos tiempos y espacios. Un presente, el de los años 90, y un pasado, el de ese mundial de junio de 1978. La historia es la de Ana, enmarcada en la historia de nuestro país. Ésta, estudiante, militante y compañera de Juan, un dirigente montonero, decide ayudarlo en la realización de una operación contra los militares durante el partido de Argentina-Perú. Todo parece estar controlado hasta que los hechos, con el efecto de un torbellino, marcan otro rumbo en la acción y en sus propias vidas.

El personaje de Ana, la misma que dejara testimonio en el documental Montoneros de Andres Di Tella, dialoga con la Mariana Pineda de Federico García Lorca y con elementos ficcionales que traza Fiks, para constituirse como tal. Su historia nos traslada en un flashback a la biografía argentina y nos hace encontrarnos de frente con disímiles relatos del pasado que manifiestan modelos de país, de mundo. Perspectivas en donde la  violencia puede ser, para unos y no para otros, un chico con hambre.

Ana, interpretada por la actriz Romina Fernandes, se nos hace presente narrando a los espectadores su historia y su actualidad. Nos sitúa espacio temporalmente los hechos que se nos harán visibles dramáticamente mediante actuaciones que despliegan verdad en cada encuentro de los personajes.

La acción dramática del pasado que protagoniza el personaje de Ana, en el living de su casa o en la Escuela de Mecánica de la Armada,  se configura  mediante el trazo  de diagonales espaciales entre los personajes, que funcionan como tensiones que cristalizan visiones de mundo  en donde Ana siempre se encuentra en oposición con los otros. Sólo una ausencia, Juan, el dirigente montonero,  la acompaña y está presente desde el fuera de campo. Es ese hombre y esa imagen de país que pujan por no ser callados y que le llevan a no decir ni una palabra.

La obra que recurre al testimonio narrativo para dar cuenta de las sensaciones, reflexiones de la protagonista, ya pasados algunos años de los hechos, encuentra formas para crear mundo y que los espectadores lo reconozcan. Las actuaciones, el vestuario y la escenografía son signos que se vuelven funcionales para esto. A su vez, las publicidades de la época que se proyectan suman a recordar a aquellos que la vivieron y a comprender a aquellos que no, los deseos y aspiraciones socioculturales.

En Ana, durante toda la obra, se plantea la figura  de testigo sobreviviente del que habla  Giorgio Agamben. La palabra es la disputa. Ella no les dice nada a los milicos, no emite ningún dato que pueda comprometer a sus compañeros. No se permite ser la testigo en ese momento, pero sí lo asume cuando todo terminó, cuando debe contar lo que hacían y lo que les hacían a los que agarraban “esos hijos de puta”. Cuando se adueña de la palabra, habla. Dice acerca de sus ideales, de lo que hicieron, de las formas; cuenta acerca de la mirada de sus compañeros hacia los que sobrevivieron a la EXMA, sobre esa sensación de culpa de estar vivos y de poder todavía como sujetos dar testimonio, tomar la palabra.

25 millones de argentinos quizás cuenta un relato  que ya hemos escuchado o una historia similar a otras, pero debe seguir haciéndolo porque el tema nunca se acaba. La herida no está cerrada. No obstante, la forma en que se representa la obra de Fiks la hace diferente.  En ese convivio entre los actores y los espectadores no sólo se  demuestra una gran dirección  y un gran trabajo de los actores, sino, sobre todas las cosas una gran sensibilidad y compromiso con la historia por parte de todo el elenco.

Indudablemente, en días en donde desde el Estado se pone en duda nuestro pasado y se propagan valores y relatos ilusos desde todos los medios y todas las formas más espectacularizadas, 25 millones de argentinos, nos trae a la memoria un sueño de otro tipo de país en donde la desigualdad no fuera la normalidad, en donde la palabra hacia el otro tuviera fuerza y compromiso y, conscientemente, nos alerta a cuidar nuestro pasado y a no permitir que en el presente el poder, disfrazado de otras formas, gane la partida.

Ficha:

Con: Romina Fernandes, Patricia Rozas, Carolina Darman, Manuel Novoa, Lisandro Fiks. Dirección y dramaturgia: Lisandro Fiks.

Categories: Reseñas

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