Remilgada fantasía

Remilgada fantasía

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¿Cuánto vale un diamante?

 

La producción cultural, hoy, tiene una demanda de historias mucho más grande que hace algunos años. Esta industrialidad acelerada puede traer como consecuencia ciertos productos más chatos, obvios y predecibles; pero no todo es deshecho. Siempre el arte surge en los intersticios. Como una flor en una grieta en el cemento.

 

Muchas de estas flores son posibles gracias a la apertura a nuevas voces y miradas. Este corrimiento permitió que géneros algo desgastados se redescubran en nuevas ópticas y poéticas. La “degeneración” es un proceso muy deseable.

 

Uno de esos géneros es el relato de viaje. En una década pesimista era el viaje hacía ningún lado. En otra década fue el viaje como metáfora obvia de una transformación personal. En otra década, y en adelante, pasó a ser el viaje del héroe. El que se sacrifica, pelea, vence. Ya está muy desgastado ese viaje. Se necesitan nuevas formas de relato donde no sea todo violencia, maniqueísmo y hacer desaparecer lo que no gusta.

 

Otro género renovado es el coming-of-age. Cada generación tiene el propio porque cada generación resignifica sus categorías de niñez, de juventud, de adultez, de mundo íntimo, privado, público. Y sobre todo, de hombre, de mujer, de artista o de lo que sea. Si en esta generación el devenir es mucho más indefinido y fluido, estos coming-of-age serán así.

 

Carolina Mazzaferro ya había mostrado su matrimonio con el lenguaje español en su anterior fantasía: Lengua, lengua, lengua. En ese momento quién había sido el ministro que los casó fue el premio Rozenmacher de Nueva Dramaturgia. Pocos años después renueva votos con Remilgada Fantasía. Quién le hace el favor de ungir el vínculo es el Premio ARTEI a la producción independiente y una mención de Todos los tiempos el tiempo.

 

La directora y dramaturga acostumbró al público a ir al teatro a escuchar la música de la palabra trabajada. En décimas, en sonetos, con rima y sin rima, con registro “elevado” y con registro coloquial.

 

En esta ocasión se presentan Libi (Julieta Tomassi) y Graham (Joaquín Sesma), dos patéticas hermanas literatas retraídas en la soledad de su saavedrina mansioneta, que se aventurarán en las calles de la Buenos Aires de principios de siglo XX para intentar sacar de la cárcel a Atilio, el amante de Graham. Salen con un bolsito lleno de libros de poesías y diamantes robados. No tienen calle, pero tienen el impulso vital de los soñadores.

 

Cada una tiene su estilo y su forma de procesar el mundo. Graham es un romántico que sueña con formar sonetos y vivir rodeado de ellos, pero fracasa sistemáticamente. Libi tiene su diario donde escribe prosa sin freno crítico. Ella también quiere aventuras románticas pero tiene pocas esperanzas de encontrarlas. En eso le envidia a su hermana marica que tiene a su chongo bandido esperándolo. Juntas se ayudan a darle una a la otra lo que le falta. Graham y Libi fracasan sistemáticamente, sí. Hasta que no. Porque lo que les enciende la vida y la poética es el cuerpo, cuando está en apuros. De eso se trata el viaje.

 

En una repartija estratégica narrativa se podría decir que Graham es el foco y Libi la voz. Ella, como en muchas obras contemporáneas, usa esa prosa del contenido como forma. Produce el artificio teatral que habilita la fantasía: habla a público, cuenta la peripecia, entra y sale; y así, todo lo acontecido se tiñe de una atmósfera más liviana y cercana.

 

En escena también hay otros dos cuerpos, que no por tener papeles menos importantes tienen menos oportunidad para brillar. Julieta y Joaquín son el ancla emocional de la historia pero Fabián Calixto y Maite Rodríguez Chietino mediante el juego y la entrega hacen que la fantasía sea posible. Entre los dos, encarnan alrededor de diez personajes distintos. Sus cuerpos hacen al espacio dramático más que los tres practicables y las dos cortinas que son movidas de acá para allá para diferenciar lugares. El teatro para subsistir necesita del asombro. Mazzaferro lo aporta con sus textos, pero también le construye un arenero para que lo susciten sus elencos.

 

Otro signo de la autora es la música en vivo a cargo del bajo de Marcos Perrone. Algunas notas climáticas, un cuerpo más en escena que participa. Fuera de la historia, adentro del presente escénico. Se trata de disfrutar el paisaje no de caerse adentro.

 

Borges decía que para ser contemporáneo lo mejor es irse cien años al pasado. A Mazzaferro este consejo la caracteriza. Por ejemplo, la obra tiene otro título: “De la abrillantada travesía de dos patéticas hermanas que trocó en lírica prosa y amorosa andanza.” Sigue teniendo presente sus influencias poéticas, literarias y dramáticas (y lo menciona bien claro durante un periplo).

 

Pero también aparece en Remilgada fantasía lo que se renueva. El giro del final, la traición que descubre Graham a las puertas de lograr su cometido.

 

Nunca hay que olvidar lo importante del coming-of-age: el autodescubrimiento. El volverse uno mismo. Pero no sólo descubrir identidad sino también descubrir valor. Descubrir es, sacar lo que cubre y poder ver brillando lo que estaba remilgado. A través de la experiencia y la mirada de los demás, por supuesto. Pero también de decisiones drásticas y dramáticas. Este es el signo que ofrece este viaje de descubrimiento. Y así como lo descubren Graham y Libi, también se lo lleva atesorado su público.

 

Ficha

Dramaturgia: Carolina Mazzaferro

Actúan: Fabián Calixto, Maite Rodríguez Chietino, Joaquín Sesma, Julieta Timossi

Ilustraciones: Augusto DI Pietro

Maquillaje: Nayla Ledwitch

Diseño de vestuario: Paula Ameri

Diseño de escenografía: Mona Gastaldi

Músico En Escena: Marcos Perrone

Música original: Tomás Stagnaro

Diseño De Iluminación: Lía Bianchi

Fotografía: Tomás García Méndez

Asistencia de dirección: Nayla Ledwitch

Co-producción: Moscú Teatro

Dirección: Carolina Mazzaferro

Género: Comedia

 

Categorías: Reseñas

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