Marty supremo

Marty supremo

Ficha

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    Raquel Flotta Prensa & Comunicaciones

 

Conseguirlo o morir en el intento, ¿es el único camino?

¿Qué pasa cuando los delirios de grandeza vienen respaldados por un talento inconmensurable? Y a su vez cuando se juntan con un carisma magnético, un deseo ardiente y una voluntad inquebrantable; el resultado es Marty Supreme.

Nueva York, años ‘50. En un contexto de decadencia mundial y una depresiva posguerra, donde el humano no puede ver su reflejo en el espejo por rechazo, por asco a sí mismo. Ahí es donde emerge resaltando Marty Mauser, un joven jugador de tenis de mesa que no es otra cosa que un soñador dispuesto a todo para convertirse en el mejor. Cabe destacar la sobresaliente interpretación de Timothée Chalamet, que con este protagónico apunta más que nunca a ser el gran actor de su generación. Marty parece ser el primer hombre en volver a confiar en sí mismo, en volver a mostrarnos que el big dream puede llevarnos a grandes destinos, aunque no sea sencillo, aunque se padezca el camino, aunque no sea para todos.

Mentiroso, manipulador, canchero y vividor, Marty debe pagar una multa y costearse un pasaje de avión hasta la otra punta del mundo para jugar el campeonato mundial de tenis de mesa, demostrar su grandísimo talento y recuperar su orgullo. Su madre le miente para aferrarlo a la vida de la cual él escapa, su tío le retiene el dinero de su sueldo que disponía para viajar y una amante de su infancia le exige sentar cabeza por un hijo que está por nacer pero él niega propio. A todo eso Marty hace oídos sordos, su único objetivo es volverse el mejor del mundo y en sus planes no acepta un no como respuesta ya que él está muy seguro de quién es y de lo que va a lograr. Donde otros pueden ver un escombro, una piedra, él sabe que está construyendo una maravilla como las pirámides.

El personaje de Marty Mauser está inspirado libremente en la figura de Marty Reisman, aunque sólo es una base para poder crear el personaje de la nueva gran epopeya del cine norteamericano, así como Reisman es una base, una excusa, para Safdie y el protagonista el ping-pong es sólo la excusa para la búsqueda de grandeza. Un personaje que parece irle muy bien a Chalamet que en febrero de 2025 tras convertirse en el actor más joven de la historia en ganar el premio a Mejor Actor de los Premios SAG declaró que él «realmente está en búsqueda de la grandeza».

Josh Safdie escribe, edita y dirige Marty Supreme, una de las películas más scorsesianas en lo que llevamos de década. Josh es el hermano mayor del también director Benny, con el cual suele dirigir en dupla pero que en 2025 han tomado caminos individuales en la dirección cinematográfica. Y aunque hace prácticamente 20 años que Josh no dirigía sin su hermano, este film se percibe la más «safdieana» de todas. Josh, junto a su habitual coguionista Ronald Bronstein, retoma la figura del protagonista autodestructivo que resuelve sus problemas metiéndose en otros aún más grandes; una epopeya desesperante de tensión e incomodidad ascendente impulsada por malas decisiones de sus personajes, donde la única forma de salir del espiral es cavando más hondo, para Marty el camino que con su talento y sus propias manos pueda crear será el único viable.

En una charla con la veterana y aparentemente retirada actriz, Kay Stone (Gwyneth Paltrow), Marty afirma que él también es un artista, un performer y así como afirma el personaje del Chino Darín en El Ángel (2018) «El mundo es de los ladrones y de los artistas» y Marty Mauser parece decidido a demostrar que él es ambas cosas para lograr lo que quiere.

Safdie despliega una puesta en escena que refleja la actitud que asume y presume su protagonista: filma con confianza y maestría, pues él también tiene el talento para respaldarlo. Filmada en 35mm para emular la estética fotográfica de la época, la película es movimiento y ritmo frenético, planos cortos y cámara en mano. Los partidos de ping-pong son hipnóticos y electrizantes. Una banda sonora vibrante de Daniel Lopatin, que colabora con Safdie nuevamente tras Uncut Gems (2019) y Good Time (2017), nos hace sentir constantemente que algo gigante está por suceder. Una película que se siente viva y hace sentir vivo al espectador. 

No vemos actores interpretando, vemos personajes vivos interactuar entre sí en ciudades como Nueva York, Tokio, o Londres que también están igual de vivas. El reparto es excelso: tanto roles principales como secundarios, desde la aparición de Tyler, the Creator y Géza Röhrig en un papel que nos recuerda su trabajo en El hijo de Saúl (2015), o la deslumbrante Odessa A’zion como Rachel; vecina, amiga o «hermana» según convenga. El cineasta Abel Ferrara también brilla encarnando a un escalofriante y enojado vecino mafioso de Nueva York. Y hasta el empresario multimillonario Kevin O’Leary, reconocido por sus apariciones televisivas en el programa Shark Tank, hace un excelente trabajo. Safdie logra seleccionar los rostros más pintorescos para los roles que aparentan ser menores pero en realidad nutren notablemente la película, la hace sentir viva en cada uno.

El desenlace no acude a una trágica caída aleccionadora; hay optimismo y una posible redención. El verdadero éxito Marty lo alcanza cuando por fin deja de huir y no contra su némesis japonés Endo, la victoria en ping-pong no se encuadra como una consagración de gloria magnífica, sino como lo que es, un desahogo. El resultado termina siendo anecdótico pero en su incesante búsqueda encuentra el sentido. Para una persona egoísta como él, recién una vez cumplido su objetivo puede ponerse a disposición de los demás.

¿Marty Supreme es víctima o victimario del desdén de su propia ambición? Él sabe que su don puede ser tanto una fortuna como una maldición. Aún así nos invita a soñar en grande en un contexto de horizonte incierto. Una obra sobre la pesadilla del sueño americano que sale bien.

Una de las mejores películas del año, ¡al cine!

Categorías: Reseñas de cine

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