Lucio y yo
Ficha
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Prensa:
Varas Otero
Adoptarse el uno al otro
La última obra de José María Muscari “Lucio y yo” lleva al escenario, de manera muy sentida y auténtica, la historia de su vínculo con su hijo adoptivo y el camino que recorrieron para convertirse en familia.
Todo comienza con un video. Lucio, que vivía en Corrientes y tenía 15 años, buscaba una familia. Quería una vida “normal”, con rutinas, compañía y límites amorosos. Una cotidianidad lejos de un hogar de tránsito. Muscari vio esas imágenes que se hicieron virales y desde ese momento algo cambió para siempre.
La obra recupera ese encuentro, la adopción y todo lo que ocurrió después: una convivencia al principio difícil, con peleas, y una adaptación larga. Las primeras rutinas y reglas. Un hombre adulto que se enfrenta a los desafíos de la paternidad y un adolescente que se descubre hijo por primera vez. Desacuerdos, temores y aprendizajes.
La idea de canalizar en el arte y el escenario esta vivencia, nació de los registros personales que Muscari realizó durante el primer año de convivencia y contó también con los aportes del propio Lucio. Juntos crearon su “bitácora de viaje” y tal vez en esos recortes de lo cotidiano radica la potencia de la obra.
La puesta acompaña esa intimidad. La escenografía es austera y recrea un hogar, un espacio reconocible, cercano, donde sucede la vida compartida. La pantalla gigante suma videos, fotos y algunos clips que funcionan como soporte narrativo. Ayudan a avanzar en el relato y a conectar los distintos momentos de esta historia.
En escena, Esteban Pérez y Máximo Meyer están impecables. No buscan imitar a Muscari y Lucio. Los habitan. Pérez construye a ese padre que aprende sobre la marcha. Meyer compone a un adolescente con mucha personalidad que llega con su propia historia y necesidades pero con un inmenso deseo de ser amado. La química entre ambos hace que el relato funcione.
“Lucio y yo” conmueve. Encuentra un perfecto equilibrio entre el humor y la emotividad. Muscari logra ese tono que hace reír con pasajes absurdos y, apenas unos minutos después, toca temas mucho más profundos y reales.
La obra visibiliza un problema del que poco se habla: en Argentina, en la última década, cayó un 80% la cantidad de personas inscriptas y habilitadas para adoptar.
Así lo indican los datos de junio de 2026 de la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DNRUA), que demuestran también que solo un 2% del total de los adoptantes manifiesta estar dispuesto a conocer niños y niñas de más de 10 años.
Por esta razón, muchos menores nunca llegan a tener una familia adoptiva y dejan los hogares cuando cumplen los 18 años.
La historia de Lucio y Muscari trasciende la historia particular de un padre y un hijo. Va mucho más allá y habla de los derechos de ambos como personas. Recuerda que una familia no siempre empieza de manera estereotípica ni responde a estándares sociales.
Pero sobre todo, deja en claro que adoptar es un acto de amor, entrega y generosidad, pero también de paciencia y aprendizaje constante. Es comprometerse. Adaptarse. Y elegir, una y otra vez, estar ahí para el otro.
Ficha
AUTORÍA y DIRECCIÓN: José María Muscari
ACTÚAN: Esteban Perez; Máximo Meyer
CONTENIDOS AUDIOVISUAL Y DIGITAL: Eric Baez – Enchulame Contenidos
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Fer Chacoma
DISEÑO DE ARTE: Paola Luttini
PRENSA: VARAS OTERO | SUSAN LONETTI
ASIST. DIRECCIÓN Y PRODUCCIÓN: Santiago Longo
PRODUCCIÓN GENERAL: Paola Luttini
Duración: 70 minutos.
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