La habitación desconocida
Ficha
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Prensa:
Carolina Alfonso
El barro del tiempo
La llegada del tren a la estación, uno de los primeros cortos cinematográficos de la historia, fue una proyección: una ventana que hacía aparecer un mundo frente a los espectadores. Dicen que cuando se exhibió, el público se levantó espantado por la posibilidad de ser arrollado. Aún no estaba concebida la imagen en movimiento como artificio.
Luego, se construyó la posibilidad de imágenes virtuales, réplicas de la realidad. La televisión y el cine mostraban mundos paralelos. Luego, se empezaron a borrar esas fronteras y, de un día para el otro, con las redes sociales, la humanidad cayó dentro de lo virtual pero todo el tiempo y así perdió el registro de cómo está todo integrado. Ese cyborg en el que se convirtió, Lautaro Delgado Tymruk (el director de la obra que acá será discutida) lo denominó El homo-desesperus. Al principio, el espectador creía que todo era verdadero. Ahora, nada lo es.
La habitación desconocida es un drama de separación. La situación es, en un principio, paradigmática pero esconde un procedimiento becketiano: un juego de espejos.
Es imposible no pensar como un díptico esta obra con El corazón del mundo. Ambas comparten una gran parte del equipo creativo, pero sobre todo, un elemento importante de la puesta: el truco visual conocido como “fantasma de Pepper”, una proyección realizada sobre un vidrio polarizado en una posición oblicua que permite una superposición espectral entre actuación en vivo y actuación en cámara.
Horacio (Guillermo Angelelli) y Paula (Sofia Brito) tienen tres hijos. Ya no siguen juntos. Uno de ellos se cansó de la enfermedad del otro, de su egoísmo, del malestar que le produce convivir. Dicen algo así: es como estar en un cuarto en el que no pasa otra cosa que ese vínculo hastiado, esa rutina sin salida. Pero también, dicen, es el único lugar donde hay posibilidad de cariño. Están atrapados en esa habitación.
En la escena ambos hablan al frente más que entre ellos. El drama tiene más poesía que narrativa. Son pocos los eventos. Por ejemplo, se cuenta cómo en una escapada a la casa de fin de semana, uno de sus hijos, Vini, se tira al río y queda flotando cabeza abajo rodeado de su sangre. Esto quizás es un disparador, quizás es un ejemplo sintomático, quizás es un recuerdo más. Tampoco son claros los tiempos, cuando es el pasado, el presente o el futuro de la acción. Los personajes se abren y vomitan su interior.
El tiempo, entonces, se vuelve el tiempo de la apertura. Si es que el espectador decide escuchar a los personajes y creerles, tomar una posición. Porque existe fácilmente otra hipótesis para entender el dispositivo de la obra, el acto del habla. Horacio y Paula se piden mutuamente que el otro lo escuche. Ninguno parece satisfecho de lo que el otro dice. Porque es muy posible que lo que se ve sobre el escenario no sea otra cosa que una proyección, una conversación imaginaria, especulativa; un invento. ¿A quién no le pasó de ensayar en la cabeza una conversación que nunca tuvo? Ahí es siempre más fácil decir las cosas y salir airado.
Entonces es que La habitación desconocida muestra su principal virtud: la puesta. En esta ocasión el uso de la proyección es limitado, pero el vidrio, aún así, se vuelve un elemento indispensable. Al poseer un filtro produce una imagen especular y traslúcida a la vez. Que le muestra al espectador una imagen en la que los personajes que están separados en carne y hueso, se ven juntos en el vidrio.
Además de este potente procedimiento, Delgado Tymruk ofrece setenta minutos de puro lenguaje escénico. Usa las distancias, los objetos, la oscuridad, el viento, el vestuario. Hasta el sonido del subte se emparenta a la perfección con la banda sonora constante que le da espesor al fluir del tiempo.
Kartun dice que así como ya el tomate no tiene el mismo gusto, el tiempo en el que se vive hoy también es de peor calidad. El teatro es un lugar para volver a experimentar tiempo de calidad. Un tiempo que vale. La habitación desconocida invita a hundirse en ese tiempo.
Ficha
Autoría: Gonzalo Martínez
Actúan: Guillermo Angelelli, Sofía Brito
Actuación en video: Federico Cherr, Natacha Delgado, Jose Mehrez, Fermín Nogueira, Vera Nogueira
Diseño de vestuario: Paola Delgado
Diseño de escenografía: Paola Delgado
Música original: Marco Bailo
Diseño De Iluminación: Ricardo Sica
Diseño De Video: Federico Castro
Asistencia de iluminación: Diego Becker
Dirección De Video: Lautaro Delgado Tymruk
Dirección: Lautaro Delgado Tymruk
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