El ángulo muerto

El ángulo muerto

Ficha

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  • Prensa:

    Cecilia Gamboa

 

Solo se baila bailando
Mientras se proyecta cine en vivo, el espectador se mueve, escoge y observa. La instalación audiovisual y performática interpretada por la coreógrafa y bailarina Lucía Giannoni propone una experiencia bella, reflexiva e histriónica en torno a un cuerpo danzante. La nueva producción de Paraiso Club, comunidad de socios que financia y participa de las creaciones artísticas, cuestiona con frescura conceptos de la danza tradicional y, con su transmisión en vivo, reformula la idea del video performance.
Al ingresar a la sala, el espectador puede observar una suerte de cubo blanco en el centro. Las caras frontales de este se componen de la proyección de diferentes videos: el retrato de Lucía, fragmentos de su cuerpo, exploraciones o pruebas en torno su propio movimiento, texturas geométricas, reflexiones escritas sobre ser bailarina y el mundo habitado.
A su vez, la obra considera el cuerpo del espectador, su desplazamiento y las posibilidades que este tiene para observar el acontecimiento. La instalación inmersiva le propone un rol activo al espectador y, durante el transcurso de la obra, problematiza la idea del punto de vista. Se vuelve una decisión del espectador cuándo moverse, si desplazarse o no e incluso hacia donde mirar o a quién mirar.
“El ángulo muerto” se aborda tanto conceptualmente como dramáticamente lo íntimo. Gracias a la selección de videos y fragmentos del cuerpo de la artista el espectador puede reconocer la intimidad ahí o a través de los pensamientos en el discurso compartido. Pero este concepto también se manifiesta en las decisiones escénicas como el ritmo de la música, las luces tenues y esa posibilidad de observar solo partes del acontecimiento general.
La obra corre los límites instalados de sí misma. Una vez que la bailarina sale del cubo, momento que evidencia que estuvo bailando dentro de él todo ese tiempo, modifica el espacio escénico y la relación que había entre público y artista hasta ese entonces. Lucía Giannoni se destaca por su gran energía, la entrega y el goce que evidencia. Ahora, un cuerpo desnudo rompe entre los cuerpos vestidos y ese cuerpo que baila dichoso quiebra con la quietud de quienes la miran.
Se rompe la suerte de ficción o reproducción tácita que estaba instalada y abre paso a lo netamente performático. La artista se desplaza por las gradas, recorre la sala, juega con la luz, el sonido y las velocidades. Sigue explorando su cuerpo, pero desde otro lugar. Ahora no solo hay espectadores sino también testigos.
Por último, esta pieza reflexiona respecto a la percepción y al cambio personal. Invita al espectador a ampliar la mirada y el juicio ante ella. Incluso le ofrece la posibilidad de explorar los mecanismos con lo que se realizó la obra con una pequeña exploración de sus propios movimientos. Porque en realidad, más allá de todo lo que se pueda decir o no de la danza, solo se baila bailando.
Ficha
Interpretación: Lucía Giannoni
Asistencia coreográfica: Diego Gómez
Asistencia de dirección: Rocío Bernárdez
Coordinación audiovisual: Lucio Saralegui
Asistencia técnica audiovisual: Juana Sallies
Dirección audiovisual: Gonzalo Quintana, Hernán Quintana
Música original y diseño sonoro: Facundo Mauro, Julián Rocha aka Soft Wachin
Diseño de escenografía: Valeria Nesis y Magdalena Picco
Realización escenográfica: equipo del taller de escenografía del CCGSM
Diseño y realización de vestuario: Den Gómez
Asistencia de realización de vestuario: Luisina Evangelista
Diseño de iluminación: Adrián Grimozzi
Producción: Brenda Margaretic, Iñaki Bartolomeu
Dirección General: Lucía Giannoni
Duración: 60 minutos
Género: Performance

Categorías: Reseñas

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