Billy Elliot

Billy Elliot

Bailar para vivir

A mediados de los 80’, un niño inglés, perteneciente a una familia de mineros de carbón, descubre su amor por la danza y su vida cambia para siempre, empezando por tener que enfrentarse a su padre y hermano.

Mientras muy a su pesar entrenaba boxeo en el club del barrio, a dónde lo mandaban porque era cosa de hombres, se topó con un grupo de danza, se fue acercando de a poco y terminó maravillado, siendo parte de un cuerpo de baile en el que era el único varón, cosa que poco le importaba. La construcción del espacio, habla por sí sólo, un lugar sencillo sin demasiadas pretensiones, siendo una metáfora de lo que buscan quienes asisten a las diversas actividades, simplemente pasar un buen rato con amigos, dónde nadie aspira a más.

En ese momento había una gran huelga minera, por lo que la situación socio económica era sumamente difícil. Las minas justamente ocupan un lugar de gran relevancia y es un espacio muy bien construido y el espacio se termina de completar con el vestuario, específicamente con el uso de linternas en las cabezas, para mostrar en un negro total, el descenso a ellas.

Él vivía de manera muy ajustada con su papá, su hermano y su abuela, ya que su mamá había fallecido. La presentación de su casa presenta un corte transversal en el que se ve en la planta baja la cocina, los espacios en común, cada espacio se vuelve un lugar estratégico, sobre todo para que por ejemplo en las escaleras Billy escuche charlas ajenas y en base a eso vaya modificando sus decisiones o el segundo piso, dónde su ubica su habitación, el único lugar en que se siente libre para bailar y expresarse a través de su cuerpo.

Con el tiempo su maestra de baile, rompió el molde del club y lo incentivó para que se presente a las pruebas del Royal Ballet School, ubicada en Londres, lo que implicaba un gasto muy grande. De esta manera quedó en medio de una gran dicotomía: cumplir con su deseo más allá de los costos o resignarlos para no comprometer la economía de su familia.

En medio de todo esto y de hecho, lo más difícil que debió enfrentar fue el prejuicio de su entorno, los cuestionamientos, la falta de entendimiento sobre su sueño. El pequeño de 11 años, tuvo que madurar y luchar por su gran sueño.

Un gran elenco en el que si bien Billy va rotando con las funciones, lo mismo que pasa con el resto de los niños, todos ellos son muy talentosos y logran transmitir el amor y la pasión del personaje, sin dejar de lado su vulnerabilidad infantil y el amor por su familia. Cantan, bailan y actúan con solvencia, demostrando que a pesar de su corta edad, son profesionales.

Respecto al elenco adulto están todos muy bien, con Osvaldo Laport a la cabeza como su papá, Sacha Bercovich como su hermano, Graciela Pal como su abuela y la siempre angelada Deborah Turza como su mamá (que aparece a modo de recuerdos). Cabe destacar el trabajo fantástico de Alejandra Perlusky como la Sra. Wilkinson, su maestra de danza, compone un personaje aguerrido, desfachatado, con mucha fuera y humor, es quién además del protagonista, lleva el hilo de la historia.

En lo referente a la puesta escenográfica, hay mucho dinamismo en los cambios de espacios y cada uno de ellos es creado con los elementos necesarios para el desarrollo de las escenas. Se complementa con un ajustado diseño de luces, que refuerza tanto el espíritu del lugar, como el clima de la historia.

Un espectáculo en el que la puesta es maravillosa y resalta la magia de los sueños, hay un cuadro sublime en el que el pequeño Billy, baila con un Billy ya adulto, donde las luces, las sombras y obvio la música que acompaña, lo vuelven simplemente perfecto.

Todo habla, todo pinta un lugar, un clima, un aire de opresión que surge en lo artístico, el deber ser, la economía, la resistencia, las relaciones… todo se ve mediado por una sensación de ahogo, que pide a gritos liberarse.

La música en vivo, con el Maestro Gaby Goldman a la cabeza, suma emoción, fuerza y dotan de climas a la historia, de una forma, que sólo aparece cuando los músicos están presentes.

El equipo lo completan Rubén Szuchmacher en la dirección general y coreografías de Gustavo Wons, con este trío nada puede fallar.

Un musical conmovedor, que si bien estrenó en cine hace 26 años, la historia sigue vigente y sin dudas es un llamado a gritos a no dejarse amedrentar y siempre perseguir los sueños.

 

Ficha:

Obra: Billy Elliot, el musical

Basada en: La película de Stephen Daldry (2000

Música: Elton John

Libreto y Letras: Lee Hall

Producción General: Diego y Omar Romay

Elenco Principal: Osvaldo Laport, Alejandra Perluski, y jóvenes talentos locales (como Mateo Tognolotti y Joaquín Mondino Formichelli) que alternan el rol protagónico.

Participación especial: Fundación Julio Bocca

Dirección general: Rubén Szuchmacher

Dirección musical: Gaby Goldaman

Dirección coreográfica: Gustavo Wons

Banda:

Batería: Osvaldo Tabilo

Guitarra: Santiago Grecco

Bajo: Matías Cadoni

Teclado: Hernán Matorra

Flauta / Saxo / Clarinete (Reeds): Fernando Lerman

Saxo / Clarinete (Reeds): Fabián Marcelo Fazio

Corno Francés: Manuel Mavrov

Trompeta: Miguel Talarita

Piano en Escena: Iñaki Agustín

 

Prensa: Raquel Flotta

Género: Teatro musical

 

Categorías: Reseñas

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