Juana, un grito de la tierra

Juana, un grito de la tierra

Ficha

  • Datos de funciones:

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  • Prensa:

    Alfredo Monserrat

 

Una heroína sin bronce

 

¿Quién escribe la historia y desde dónde se la cuenta? “Juana, el grito de la tierra”, inspirada en la vida de Juana Azurduy, toma esa pregunta como punto de partida para construir una propuesta escénica que combina épica, intimidad y una energía que la aleja del museo y la acerca al presente.

 

La obra de la Compañía Artística Tatam se corre del relato congelado en los manuales y propone una Juana que respira, suda y decide. No hay estatua ni mármol: hay cuerpo en movimiento. La figura histórica se transforma en territorio vivo donde conviven la estrategia militar, el amor, la pérdida y la convicción. En ese recorrido aparecen frases que funcionan como latido interno del espectáculo: “Ningún pueblo debería olvidar jamás a sus héroes” o “El olvido es otra forma de traición”, líneas que no buscan solemnidad sino reafirmar memoria.

 

La dirección evita el tono declamativo y apuesta a una narración que confía en la potencia escénica. El dato histórico no se impone como clase magistral; se integra con naturalidad a una dramaturgia que privilegia la emoción y el ritmo. Así, la tensión entre la mujer y el mito se vuelve uno de los ejes más interesantes del espectáculo.

Enmarcada en el Teatro Colonial, la propuesta encuentra en el escenario un espacio acorde a su intensidad, donde la cercanía potencia la fuerza del relato.

 

Desde lo visual, la puesta trabaja con una estética ligada a la tierra y al territorio. La iluminación construye claroscuros que acompañan el pulso interno de la protagonista, generando imágenes de resistencia sin subrayados obvios. El espacio escénico se resignifica con fluidez y permite que las escenas de lucha convivan con momentos más íntimos sin perder dinamismo.

 

La intérprete de Juana sostiene una composición de fuerte anclaje corporal. Hay entrega física en los enfrentamientos y una sensibilidad contenida en los pasajes más introspectivos. La construcción no busca victimizar ni idealizar: muestra contradicciones, desgaste y determinación. El elenco acompaña con cohesión y refuerza la dimensión colectiva del relato. Cuando las mujeres se juntan, hasta los cerros escuchan: esa idea encuentra eco en una escena donde lo coral funciona como caja de resonancia de la figura central.

 

La música, de raíz latinoamericana, no ilustra: empuja la acción y marca el ritmo interno del relato. El vestuario aporta referencias de época sin rigidez, permitiendo que el movimiento sea parte esencial de la narrativa.

 

Hay una línea que sintetiza el espíritu de la propuesta: “Una mujer que pelea es peligrosa para los libros”. Allí se condensa la intención de revisar los relatos establecidos y abrir espacio a otras miradas. Lejos de convertir a Juana en mártir, la obra la presenta como una mujer que incomoda, que decide y que actúa.

 

“Juana, el grito de la tierra” no propone una clase de historia, sino un encuentro escénico con una figura que sigue interpelando. Más que mirar al pasado con nostalgia, la obra pone en escena una pregunta vigente: qué hacemos hoy con las voces que alguna vez intentaron silenciar. El resultado es una experiencia teatral que reivindica la memoria como acción presente, con fuerza, identidad y una energía que dialoga con nuevas generaciones sin perder profundidad.

 

 

FICHA

Género
Drama histórico

 

Autor
Damián Centurión

 

Dirección general
Adrián Di Stefano

 

Elenco
Viviana Invernizi
Valeria Saavedra
Esteban Centurión
Camila Hidalgo
Alejandro Cabrejo Mills
Roxana Francioni
Germán Vitry
Majo Fernández
Camila Iriza

 

Asistente de dirección
Valeria Saavedra

 

Fotografía y diseño de arte
Kiara Sorella

 

Prensa
Alfredo Monserrat

Categorías: Reseñas

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