Yo también me llamo Hokusai
Ficha
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Datos de funciones:
CCK
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Prensa:
CCK
Cuando rompe una ola
Iván Hochman realiza su primer unipersonal dirigido por Tomás Masariche. En él se expone toda la vorágine que se siente frente al éxito y al fracaso en lo profesional, vincular y personal. “Yo también me llamo Hokusai” es una hermosa artesanía. Con un cuidado espectacular, devela sus materias primas, procesos de investigación y la técnica con la se está llevando a cabo la misma obra.
Iván toma un rol performativo al romper la cuarta pared y develar que esta obra trata, en otras cosas, sobre un escritor despechado que, mientras llora a su ex novia María quien se fue a salvar al mundo, se enfrenta a una nueva pieza artística inspirada en la obra “La gran ola de Kanagawa” de Katsushika Hokusai. En otra capa, esta obra también trata sobre cómo Iván y Tomás deciden montar una obra sobre un hombre distanciándose de una circunstancia ya no identitaria. Iván, a su vez, busca con esta pieza escénica separarse del personaje que interpretó en la reconocida serie del músico Fito Paez.
En escena, al lado izquierdo un piano. Además de la Iluminación desde los laterales, en el centro, dos focos tipo fresnel con soporte y dos micrófonos. Atrás una obra de arte sobre un atril y, al lado derecho: una mesa, una silla, computador, y una botella con agua. La propuesta se asemeja a una sala de ensayo, a un estudio de grabación o a una puesta musical. Lo anterior, anuncia que será una obra de teatro poco convencional y que gran parte de su eje estará en el sonido.
¿Qué viene después de un gran éxito televisivo? se pregunta el actor. ¿Qué viene después de un gran fracaso amoroso? cuestiona, de alguna forma, el escritor. Y, después del fracaso artístico ¿qué viene? reflexionan ambos. De una forma graciosa y novedosa, se ponen en escena las inquietudes que movilizaron la construcción de esta misma obra, o bien, en la obra se instalan esas preguntas con un relato que no se sabe si es ficticio, testimonial o ambos.
Además del quiebre con la cuarta pared, el carisma y la espontaneidad con la que Iván Hochman lleva a cabo su rol, logran establecer una relación espectador-actor directa y llena de complicidad. Esto vuelve fácil el ingreso y la salida constante del plano de la ficción. Con ello, se establece una suerte de marco o mundo propuesto que desafía lo temporal y lo espacial, donde cualquier cosa podría ocurrir y resultaría verosímil en alguna de las capas. Con un diario mental se narra el día y fecha de la obra, distorsionando la puesta y generando, por momentos, una metaobra.
Con una actuación orgánica, se comparte el viaje personal del escritor y del actor. Con gestos e imágenes contundentes llenan la obra de simbolismo y poesía. Ejemplo de esto es: una remera en la cabeza del performer que hace desaparecer el rostro famoso y lo transforma en un hombre común y corriente. Otro ejemplo es el cuerpo que se vuelca ola o monte Fuji: se expone, vulnera o ridiculiza. Tensiona la confianza en la práctica artística, pone sobre la mesa la relación entre los creadores y propone pensar en esas veces que los otros creen más en uno que uno mismo.
Respecto a la parte técnica de la obra, no sólo acompaña lo actoral sino que el dispositivo utilizado es también dramático. Por una parte, la iluminación juega un rol fundamental en las sensaciones que transmite la puesta. Visualmente cambian los colores, el tipo de iluminación y el espacio iluminado. Estas decisiones también le dan textura, ritmo y movimiento a la obra. Los recursos utilizados están sumamente aprovechados. La narración tipo diario, la pintura en escena, una proyección de fotos, contar con música en vivo, sumar cambio de roles y voces son elementos que le suman a la experiencia y que pueden llevar al espectador a sentir que la obra se está creando ahí mismo y, si se considera que el espectador viene a completar la puesta, efectivamente eso es lo que está pasando.
Finalmente, “Yo también me llamo Hokusai” es una invitación a disfrutar de aquello que conmociona al ser humano, que lo pone en estados anímicos y sociales tan elevados como innobles. Una oportunidad para reírse y emocionarse, pero sobre todo para observar con dignidad qué le ocurre a un artista con su proceso creativo, el miedo y el reconocimiento. Del mismo modo que ocurre en escena, como una parodia y sin saber si será o no una tragedia que esa enorme ola rompa, Iván se arroja al vacío y da un enorme salto creativo.
Ficha
Intérprete: Iván Hochman
Dirección: Tomás Masariche
Género: Unipersonal
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