Un hombre sin suerte

Un hombre sin suerte

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: ESPACIO CALLEJÓN. Humahuaca 3759.
    Funciones: Domingo 21hs

  • Salas:

    Prensa: Laura Brangeri. LBB prensa

 

No aceptes ni confíes en los extraños

Un hombre sin suerte es un cuento de Samanta Schweblin y también es el nombre de la puesta del mismo que  ha adaptado y dirigido Osmar Nuñez. La transposición es del mundo de una niña de ocho años- en el cuento- al mundo de una mujer- en la obra de teatro-, pero con el recuerdo de esa niña profundamente presente.

La mujer se mueve. Lo hace en el interior de su casa, la cual parece la expresión misma de una casa de muñecas.  Su movimiento es relajado, está preparando todo para recibir a alguien. Está contenta, sus formas lo delatan, las canciones que pone también lo hacen. No es una mujer que pasa desapercibida, denota perfección en sus gestos y en su vestuario pastel.

Cuando todo está listo comienza la espera, y el espectador se pregunta: ¿a quién? Pero el quién se diluye, para atender al cómo. La mujer, en una espera como cualquier otra, traza caminatas diagonales del centro de su living a sus ventanas para desde allí observar el afuera. La percepción del  mismo le hace lanzar una clave anticipatoria: “La culpa la tienen los padres”.

Silencios, miradas y pausas colocan a los espectadores frente a pequeñas, pero poderosas acciones, que van dejando entrar el afuera que resignifica lo que sucede frente a nosotros.

Interrumpida por llamados y sonidos externos, comienzan a llegar recuerdos de un día como aquel, en el que la espera y la soledad fueron de ese tenor. La hermana, los padres, un hombre sin suerte y ella de pequeña, son los personajes de una vieja historia infantil.

María Nydia Ursi- Ducó, la actriz que interpreta a esta mujer, de pronto, nos traslada a sus ocho años. Con una narración que relata lo sucedido, como si se lo contara a los protagonistas de ese día y a ella misma, va construyendo las sensaciones que ella tuvo pero desde la mirada de la niña, como si ese recuerdo no pudiera ser mirado desde su lugar de mujer. Sutiles cambios de voces y delicados detalles corporales nos hacen verla con su jumper. Los pies, las manos y pinceladas  faciales de Ursi- Ducó se vuelven envolventes, haciendo sentir a los presentes como si el recuerdo, mediante la imaginación, se proyectara en simultáneo en el living.

En ese mundo impecable que habita ese individuo, montado mediante una escenografía de Alejandro Mateo que  resuena a los ambientes de Wes Anderson, el hecho llega porque  se da la repetición. La presencia ausente de sus íntimos se ve duplicada en la falta de registro de sus padres hacia las necesidades de ella como niña. Reproche que no expresa llanamente, pero que ha enunciado indirectamente en un principio, y que se revela en su incapacidad de ver a ese hombre sin suerte como responsable de algo malo. Indudablemente, para la mirada de esa niña, ese desconocido es quien la ha escuchado y ha respondido a sus necesidades frente a la indiferencia de sus padres.

Cuando la evocación de ese hecho ha terminado, las certidumbres también.  ¿Es una tragedia personal? ¿Qué intenciones tenía ese hombre? ¿Ella lo condena o es la mirada de adulto de sus padres la que lo hace? ¿Cómo influye esto en la construcción del sujeto femenino? Los padres ¿cuánto logran comprender lo que los niños expresan? ¿Cómo dar el amor y la atención necesaria a los niños?

La puesta no da respuestas. Quizás no las tenga, quizás todo tenga que ver con la imposibilidad de pensar el hecho frente a una mirada no acusatoria de la niña ahora  mujer. Quizás todo tenga que ver con la mirada desde el que siente los hechos. No obstante, la obra hace eco fuertemente en algo que no podemos pasar de largo: la necesidad de seguir luchando por constituir un mundo más seguro y amoroso para los niños.

Ficha:

Actuación: María Nydia Ursi-Ducó
Dirección: Osmar Nuñez

Categories: Reseñas

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