No te daré hijos, daré versos

No te daré hijos, daré versos

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: Viernes 23.30 h | TIMBRe4 | México 3554 |

  • Salas:

    Prensa: Marisol Cambre

 

La paradoja del arte: artificioso, pero más vivo que la vida misma

Una de las actrices de la obra dice: “La revolución siempre estuvo en la poesía”. El filósofo y antropólogo francés Paul Ricoeur coincidiría con esto.  La poesía es una revolución al lenguaje, es la metáfora que posibilita escapar a la lógica, al paradigma racionalista del lenguaje literal. El arte es la posibilidad de salir de las cárceles de nuestras formas de pensar,  imaginar y plasmar el mundo…para, quizás, cambiarlo.

No daré hijos, daré versos escrita por Marianella Moreno, con dirección de la puesta por parte de Francisco Lumerman vuelve acción esta idea en diversos sentidos.

Delmira Agustini, la poetisa uruguaya- perteneciente a la corriente modernista de principios del siglo XX- y su forma de vivir es el disparador de la puesta y, quizás, también un pretexto para reflexionar acerca de múltiples temas. El arte en contraste con las necesidades ordinarias de la vida diaria;  la realidad, el género realista y sus convenciones; la construcción de un contexto y sus paradigmas de pensamiento desde la distancia histórica;  la representación de los hechos en el teatro  y la representación/presentación actoral; las posibilidades y deseos culturales de los hombres y mujeres, y el vínculo entre estos; y la violencia de género, siempre actual y monstruosa, se yuxtaponen y son lanzados al espectador en cada detalle que conforma esta partitura teatral.

En una estructura tripartita, que como tal genera relaciones signicas potenciadoras e infinitas, se presenta la historia de Delmira, una poeta que se ahoga en los contornos de la normalidad, en las necesidades básicas del cuerpo y que revive en el arte, en esos minutos en donde sus versos y otras formas de ver el mundo se hacen tangibles. La imposibilidad de aceptar la crudeza, la monotonía de la realidad la hace entrar en conflicto con su marido, el hombre que acepta y sigue jugando de acuerdo las reglas de la realidad. En el  choque de este cielo de dos, en esta guerra de deseos y necesidades la muerte es la maestra de ceremonias.

Con todo esto, uno creería que hablamos de un melodrama, pero nos encontramos a infinidad de kilómetros de él. Quizás el tema pueda ser el mismo, pero en esta puesta cualquier categoría genérica es dinamitada. La decisión de esto está cargada de sentido. La forma se vuelve contenido y viceversa. La retroalimentación es contaste.

Siete cuerpos están en el espacio no definible en términos realistas, mientras los espectadores se ubican en sus lugares. No son presencias inocuas. Están y lo hacen sentir.  Los cuerpos que ya empezaron a significar entrenan, cantan, se vinculan, se violentan entre ellos. Uno toca el piano. Jorge Castaño, Diego Faturos y Germán Rodríguez son Reyes. Malena Figó, Iride Mockert y Rosario Varela son Delmira. Los tres actores que construyen al personaje del marido se entrelazan con las tres mujeres que figuran a la poeta. La relación dual se vuelve tríadica, desarmando y rearmándose constantemente cada uno de esos conjuntos de dos. La yuxtaposición se vuelve atrapante y  convocante directa e indirectamente- al público se lo reconoce, se le pregunta, la escena conscientemente está siendo realizada para él-. La vinculación de los actores tiene excesos, violencia, fuerza y finalmente muerte. El misterio de las sensaciones corporales individuales e intransferibles parece correrse y llegar al espectador.

 

Sabiendo el final de los hechos, sólo queda pensar el cómo y de manera acentuadamente teatral intentar construir cómo hubiera sido, señalando también el qué y el para qué de toda reconstrucción. Rápidamente, se  intenta ir hacia el realismo, el género teatral madre de todo el siglo XX, que en esta puesta se lo toma y se lo parodia junto a su fiel representante, la familia burguesa. ¿Cómo se ordena, se reconstruye una imagen realista de un tiempo lejano al nuestro? ¿Podemos pensar desde nuestros paradigmas las acciones de hombres y mujeres de otra época? ¿Qué relación tiene lo verosímil del género con lo real?  Mediante los cuestionamientos sumamente interesantes de los actores – desde la corporalidad hasta la verbalidad – acerca de sus roles y de las convenciones teatrales entran en jaque los deberes sociales de este juego que es la realidad y que no es cuestionada más que por el arte.         Compromiso que esta obra asume y reasume.

Posteriormente a los dos primeros actos disruptivos, llega el último para abrazar y retomar algo del realismo que, en los momentos anteriores, había quedado en llamas. Una subasta de los elementos del mundo de Delmira y los testimonios de los presentes es el marco de situación.

El vestuario y la escenografía- realizada por Macarena Hermida- se vuelven funcionales a estas tres dimensiones espacio-temporales y a las acciones que en ellas se realizan. Los actores se vuelven dúctiles a cada situación yendo desde la violencia extrema a una violencia estructural e invisible que genera en los espectadores la risa inconsciente ante la incomodidad de un sistema de vínculos y relaciones que fue y es una imposición.

No daré hijos, daré versos es un grito fuerte y caótico que proclama que todo es una construcción. Como en la obra, todos sabemos el principio y el final de la historia, lo interesante es saber el cómo de lo que sucede entre esos extremos.

En esta puesta posmoderna, controversial, quedan muchas preguntas, ¿Qué es lo real? ¿Qué es el realismo? ¿Y qué es éste dentro del arte? ¿El realismo permitiría que una mujer de versos y no hijos?

No nos equivocamos si afirmamos que la autora del texto y el director de la obra han captado la esencia de Delmira en este trabajo. Esta obra permite revivir la vida de la poeta con el tenor que ella lo haría, no de manera ordinaria, sino rupturista como ella lo fue. La obra es poesía y le escapa a los códigos de la realidad y del realismo como también lo hacía Delmira. Esta obra es hija de la poeta uruguaya, es la maternidad de la que ella quería ser protagonista. Hoy, todos los sabemos, esta obra como la obra de Delmira, seguirá concibiendo, pariendo versos.

Ficha:

Autora: Marianella Morena

Elenco: Jorge Castaño, Diego Faturos, Malena Figó, Iride Mockert, Germán Rodríguez, Rosario Varela

Categories: Reseñas

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