La omisión de la familia Coleman

La omisión de la familia Coleman

Ficha

  • Reparto:

    Funciones:
    Viernes y sabados 20hs
    Domingos 19hs
    Paseo la Plaza
    Av. Corrientes 1660

  • Salas:

    Prensa: Marisol Cambre

 

Cuando el silencio grita más fuerte

A estas alturas es imposible hablar de La omisión de la familia Coleman, separada de sus orígenes de creación. Doce años atrás en el PH del barrio de Boedo que fuera la casa del Director Claudio Tolcachir y que posteriormente se convertiría en Timbre 4, un grupo de actores se juntaban a trabajar entregados a la propuesta de su director, la premisa básica: construir una familia. Hoy más de una década después y de festivales, decenas de lugares visitados, premios, centenares de funciones y espectadores, cabe preguntarse que sucede para que siga tan viva esta puesta que se ha transformado en un clásico del teatro argentino.

Historias de familias hay tantas como familias. Esta es la historia de un tipo de familia singular, sólo que la puesta en escena descarnada de su intimidad lleva a los espectadores a enfrentarse con las miserias más humanas que sin duda están presentes en todos los tipos de familias, aunque sean de la más “convencionales”.

Nucleados en torno a la abuela, viven tres nietos y la madre de estos, hay una cuarta hermana que de muy pequeña fue llevada por su padre a vivir a otro sitio. Los Coleman, así se definen pese a no tener todos el mismo apellido porque son hijos de diferentes padres, viven en una casa situada en algún lugar que nunca se especifica y que pareciera estar al borde del estallido constante, al igual que todos sus habitantes.

Hay algo intrigante ya desde el título de la pieza, el espectador se ve tentado de saber cuál es esa gran omisión que se anuncia. El tema es que mas allá de las múltiples interpretaciones que puedan darse a la obra, no es sólo una la omisión. Este grupo se mueve en un espacio agujereado, construido más de vacíos y silencios que de certezas. Sólo el personaje de Marito suelta brutales verdades como quien dice buen día, pero paradójicamente es quien tiene dificultades mentales y por eso nunca lo toman en serio. La abuela es la que ocupa el rol central para que la familia siga junta a pesar de que cada uno sólo piensa en irse de allí. Ella es quien más sabe y quien más calla. “curiosamente” los únicos dos que llevan el apellido Coleman son ella y Marito. La violencia con la que se tejen todas las relaciones a veces se expresa con gritos a veces con actitudes pasivas. En la naturalización de esa forma de estar que intenta ignorando anular los hechos que laten por detrás de lo que se nos muestra, radica la fuerza visceral de la obra. La familia es la célula de la sociedad y desde lo particular se vuelve un tópico universal, tal vez a eso de deba el éxito obtenido en lugares tan disimiles alrededor del mundo. En ese entramado de silencios donde todo lo que no se dice está sucediendo, pero aún así de eso no se habla, no es tan difícil hacerse eco de situaciones vividas en toda las familias o en todas las sociedades.

Sobre esos huecos se levanta la estructura de La omisión… dramáticamente no es mucho lo que sucede, pero la construcción de esos personajes y su frágil universo de vacíos sostiene toda la acción en una tensión que relaja de vez en cuando con el negro humor que trabaja la puesta. La labor descomunal de sus actores se lleva todos los aplausos, no hay ninguno de ellos que no haya encontrado el punto justo a su interpretación, al extremo que por momentos uno olvida la ficción y al verlos viviendo en ese escenario tan realista se siente un verdadero voyeur de esa intimidad.

Tantos años y tanta vida que ese grupo lleva a la escena en cada función, hacen que La omisión de la familia Coleman, se haya consagrado como clásico porque resiste el paso del tiempo y las lecturas, porque es uno de esos proyectos nacidos de una idea profundamente simple y rica. Esta es una pieza que ya ha escrito una página importante del teatro argentino, tener aún la posibilidad de verla es una oportunidad que ningúnamante del teatro debería perderse.

Ficha:

Actúan: Cristina Maresca (Abuela), Miriam Odorico (Memé), Inda Lavalle (Verónica), Fernando Sala (Marito), Tamara Kiper (Gabi), Diego Faturos (Damián), Gonzalo Ruiz (Hernán), Jorge Castaño (Médico)

Libro y dirección: Claudio Tolcachir

Categories: Reseñas

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