La niña helada

La niña helada

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: sábado 8, 15, 22 y 29 de julio y sábado 5 de agosto, 21 h. Domingo 9, 16, 23 y 30 de julio y domingo 6 de agosto, 17 h. Entradas:
    Centro Cultural Recoleta. Junin 1930

  • Salas:

    Prensa: Marisol Cambre

 

Un experimento que abre interrogantes

Es una ópera experimental en la que se pone de manifiesto un entramado argumental inspirado en hechos reales. La muerte clínica de una niña Tailandesa, Matheryn Naovaratpong, que lleva a su padre a optar por la criogénesis para la conservación de ese cuerpo, en espera de un desarrollo científico futuro.

Esta obra pone en cuestión un cuerpo al que se le niega la muerte, es la historia de una niña desdoblada entre su trascendencia y el purgatorio humano del experimento científico.

Las voces junto al ensamble instrumental y los sonidos electroacústicos van argumentando a la par de las apariciones de los cinco personajes. Un padre, una madre, una hija y dos taquígrafas en una escena que no está fija en un lugar, sino que se va transformando.

Hay un intertexto con shakespeare “La decisión es ser y no ser, esa es la cuestión”

La puesta es escalofriante, las luces azules, el piso blanco y la mesa metálica, que va rotando su posición, operan a favor de ello. Es impactante ver la imagen de la niña primero sobre ese rectángulo gris plata, que simula ser una camilla, y luego ver como este mismo elemento, al ubicarse en otra posición, nos muestra a una niña encerrada, sentada con las patas de la mesa a su alrededor, y viendo su propio reflejo, se deforma en los cuadrantes de la parte trasera de la mesa. “Es la ciencia la que debe hablar” “Pasen y lean nada cambio” “Solo todo” “Años de espera te hablan” “Artefacto de hielo le siguen negando el cielo”

¿Supervivencia más allá de lo tangible? ¿Despertarse en el futuro? ¿Limbo individual? ¿La inocencia sujeta a la ambición de la ciencia?

Hay zonas de lenguaje, sobre todo lo sonoro, que parecen enraizadas en lo real, pero también hay una búsqueda en la polisemia. Por momentos, se yuxtaponen las voces, los instrumentos y los subtítulos que aparecen a lo largo de la ópera.

Sumado a ello la presencia de una máquina de escribir, las letras, la palabra como lo que persiste, las taquígrafas que operan como coro, surrurrantes e interpeladoras de ese padre que transita la agonía de no poder pensar su muerte, porque teme perderla en la bruma. Esta pugna latente entre la aceptación y la negación del dolor. Y el rol de una madre, que insiste en que la deje partir: “Ser ella es yo. Yo te adoro yo te abrazo. Voy transida entre tus pasos somos una, yo soy tuya, tu eres mía”

Hay un pasaje visual que opera entre la vida y la muerte, sobre todo en el momento en que le quitan la ropa a la niña, quien llevaba un vestido rosa y la visten toda de blanco. Y también se da una fricción sonora, ecos que dejan huellas en las palabras y en la música. Es un material que conjuga cuestiones éticas, científicas y humanas.

“Quieta la enfermedad quieta. Diez años que la tienen así, más pasaran”

“Cien años van, mil pasaran”

“Él se pierde en su discurso.

“He perdido un sueño donde nacía mi silencio”

Ficha:

Mezzosoprano: Ximena Biondo
Soprano: Lucia Lalanne
Soprano: Ana Lignelli
Barítono:  Juan Peltzer
Integrantes del Coro de Niños del Teatro Colón:
María Sol Sanchez Polverini
Micaela Sánchez Polverini
Flauta:  Sergio Catalán
Guitarra:Gabriel Evaraldo
Arpa:Gabriela Czerednikow
Corno:César Leiva
Chelo:Fabio Loverso
Contrabajo: Manuel Volpe
Percusión: Arauco Yepes, Luciano Contartese
Dirección musical: Ezequiel Menalled

 

Categories: Reseñas

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