Cimarron

Cimarron

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: de viernes a domingo a las 18 hs.
    Teatro Cervantes. Libertad y Av. Córdoba

  • Salas:

    Prensa: TNC

 

Revelar un cambio de estado

Supongamos que yo le cuento a usted, que ahora está leyendo, un sueño que tuve. En él, yo, que soy el protagonista, subo una de las escaleras laterales del teatro Cervantes -esas escaleras de mármol, adornadas con bellas alfombras-, entro al Salón Dorado del primer piso y me ubico en una butaca que está allí; una de tantas que forman parte de una moderna grada. El lugar se llena de gente, ya no queda ni un solo asiento libre. Delante de mí se encuentra el frente del salón, bordeado por dos pasillos yéndose en fuga.

En el piso hay, iba a decir tres objetos, pero en realidad serían algo así como tres “islas”; con los que el espacio queda dividido en tres mojones, un escenario tripartito: a izquierda un cuadro, al centro una serie de bloques huecos de madera (entre medio de ellos un libro), y a la derecha, uno de esos bloques solo, aislado.

Y son tres también las personas que aparecen: un hombre, dos mujeres. Sus apariencias son tan disonantes entre sí –por lo anacrónico- como lo es el ámbito del Salón Dorado en contraste con los sencillos módulos de madera.

Los personajes relatan historias, uno podría creer que son sus recuerdos o acaso relatos que se les van ocurriendo espontáneamente, aunque tienen reminiscencias de textos de Ruhl, de Lamberti, de Storm, de Rilke.

Usted dirá que es un sueño muy extraño, o bien que una obra tan extraña sólo puede ser producto de un sueño. Bueno, usted se equivoca: no es un sueño, es Cimarrón de Romina Paula.

La obra está habitada por pequeñas islas, es como un gran archipiélago dentro del cual se accede a cada isla de a saltos: el nexo es una incógnita que siempre permanece sumergida.

“Las cosas no son todas asibles y pronunciables como nos quieren hacer creer; la mayoría de los hechos son inefables y se producen en un espacio al que la palabra no ha accedido, y lo más inefable de todo son las obras de arte, éstas son de una soledad infinita y nada las alcanza menos que la crítica. Sólo el amor puede asirlas, captarlas y hacerles justicia” dice Rilke en la voz de José Antonio que es la voz de Esteban Bigliardi.

¿Por qué voy a tratar yo de decir lo indecible, de explicar lo inexplicable?

A despecho de mis limitadas explicaciones de diccionario, lo Sublime no se aloja en mis palabras, sino por ejemplo en el encuentro de miradas entre Gabi y María (las actrices son Denise Groesman y Agostina Luz López).

Cimarrón baraja las distintas opciones que nos ofrece lo ficcional en cuanto al espacio y al tiempo. El espectador está participando de un hecho teatral, pero se encuentra a la vez inmerso en una ronda de lecturas y canciones que indagan sobre los vínculos humanos, las pasiones y las pérdidas que nos permiten identificarnos con seres imaginarios o pretéritos.

Cuando vemos a los personajes bailar, creemos que nada puede insertarlos con mayor precisión en el Presente, que ese hecho de entregarse por entero a la danza. Sin embargo, ensamblada en ese juego de citas y recuerdos que plantea Cimarrón, la danza parece ser otro modo –uno más instintivo- de hacer memoria. En la música de Lucha Reyes y Chabuca Granda podrían verse sugeridas por ejemplo distintas maneras de ser mujer.

Los extractos sonoros y visuales de la obra transcurren de un modo no lineal, dispersos y reacios a ser apropiados desde la razón.

Cimarrón expresa en sí mismo, como concepto, la idea de una transición o un cambio de estado. Se refiere a una existencia tan inestable como el acto por el cual creemos habernos adueñado de las ideas de otros mediante el uso de nuestra comprensión, cuando en realidad ya las hemos convertido en algo nuevo.

 

Ficha:

Escrita y dirigida por Romina Paula
Con Esteban Bigliardi, Denise Groesman y Agostina Luz López.

Categories: Reseñas

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