Un joven golondrina

Un joven golondrina

Ficha

  • Datos de funciones:

    TNC

 

Pueblo chico, infierno grande

 

Existe un refrán popular que reza: “pueblo chico, infierno grande”. Aplica perfectamente para la localidad de Cuatro Esquinas, ¿paraje ficticio? del valle de Río Negro, en el sur de la Argentina, donde transcurre toda la densa trama de Un joven golondrina.

La directora de esta compleja obra, Laura Santos, ideó un texto cargado de temas potentes: explotación laboral, violencia de género, maltrato animal, femicidio, despertar sexual adolescente y mucho más. Es por todo eso que el espectador tendrá frente a sí un espectáculo con fuerte contenido social y político.

Dos adolescentes disfrutan de la parsimonia del paraje rural y del río. Ríen, cantan, exploran la desnudez de sus cuerpos, juegan a ser grandes. Pero la siempre aparente calma de los entornos campestres será rota por los trabajadores golondrinas, que arriban a la región al ritmo de alguna cosecha típica estacional. Son los mismos de siempre: los que llegan desde las provincias del noroeste argentino, para ser explotados en trabajos cuasi esclavos, a manos de grandes compañías frutihortícolas. Pero esta vez hay algunos rostros nuevos, de trabajadores nómades que no han venido en cosechas anteriores: es el caso de un joven golondrina, encarnado por Balthazar Murillo, actor central en esta trama de cacería y muerte.

Un evento aún más dramático desata una espiral de violencia sin fin: un camión de ganado vuelca y su conductor muere. Si los animales están sueltos, no son de nadie sostiene uno de los improvisados faenadores, excitado y sediento de sangre.

La carnicería comienza. La pulsión de muerte devora la escena. Una multitud de varones desuellan sin piedad a los terneros, no importa si están vivos o muertos. A todos menos a uno. Belinda, interpretada por Carmela Rivero, y Mora, en la piel de Dolores Oliverio, harán de las suyas y salvarán del horror al ternero más joven de todos. Lo acobijarán y lo esconderán. Nadie se dará cuenta, a excepción de sus tías: Amanda, representada por Paula Mbarak, y Aurora, en el cuerpo de Paula Staffolani. Es en este momento donde la obra realiza su giro más radical, porque la presa ha mutado de cuerpo y ahora es Mora la que será perseguida como un animal más y desaparecerá de la escena. La potencia del símbolo permite vislumbrar la violencia de género y la frase nos tratan como animales podría resumir el argumento.

No se sabe quien raptó a la joven Mora, pero se presume que ha sido un trabajador golondrina. ¿Será así? ¿Por qué el forastero venido de fuera debe ser el victimario? Belinda y el joven golondrina, juntos, irán afianzando un vínculo, primero desconfiado, luego muy tierno, cuyo objetivo es dar con la amiga ausente. Y, también, descubrir que suerte ha corrido el hermano del joven golondrina.

Por su parte, el contrapunto actoral que libran Mamani, interpretado por Daniel Valenzuela, y Helen, en el cuerpo de Eva Bianco es destacable. Ellos, un trabajador rural y una prostituta, ambos experimentados en sus materias, saben todo sobre ese pueblo donde tan sólo en apariencia no ocurre nada. Porque, a decir verdad, ocurre de todo, con la connivencia de autoridades y policías locales.

Comentario aparte debe hacerse sobre la escenografía: el espectador puede imaginar a través suyo la típica postal de pueblo. Pero también podrá representarse un almacén, un piringundín de mala muerte o el calabozo de una comisaría. De la misma manera es necesario resaltar el trabajo de vestuario: los vestidos de las mujeres son objetos cargados de simbolismo y apuntalan la trama de toda la obra, de principio a fin. En la puesta en escena se conjugan de un modo único iluminación, música, vestuario y diseño audiovisual. El trabajo de proyección permite, a través de potentes luces y sombras, que el espectador imagine la masacre animal de un modo descarnado y vívido.

Un joven golondrina es una obra fuerte, descarnada y sin tapujos. Aborda temas necesarios, y lo hace a través de los símbolos. Porque la cacería puede desencadenarse en cualquier momento nuevamente, sobre animales o sobre mujeres, del modo más brutal.

 

Ficha:

Texto: María Laura Santos

Actúan: Eva Bianco, Daniel Cabot, Paula Mbarak, Balthazar Murillo, Dolores Oliverio, Carmela Rivero, Paula Staffolani, Daniel Valenzuela

Colaboración artística: Julia Perette

Composición Musical: Shaman Herrera

Coreografía: Leticia Mazur

Diseño y realización de máscaras: Valeria Dalmon

Asistencia de vestuario: Marcos Di Liscia

Asistencia de escenografía: Lara Stilstein

Diseño audiovisual: Ian Kornfeld, Johanna Wilhelm

Diseño de iluminación: Matías Sendón

Diseño de vestuario: Lara Sol Gaudini

Diseño de escenografía: Mariana Tirantte

Dirección: María Laura Santos

Producción TNC: Nadia Crosa

Asistencia de dirección TNC: Marcelo Méndez, Matías López Stordeur

Género: Tragedia

Categorías: Reseñas

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