No hay que llorar

No hay que llorar

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Las miserias humanas

Un reencuentro familiar reúne en el comedor de una casa a tres hermanos con sus respectivas parejas. El motivo del reencuentro se debe a la celebración del cumpleaños número 80 de su madre.

La emoción o acaso la sorpresa por un cumpleaños inesperado, producen el desmayo de la madre. La preocupación y la tensión aumenta mientras esperan la llegada del profesor y médico de la facultad.

A partir de allí, comienza una trama donde las relaciones y las miserias humanas se rebelan.

La escenografía nos presenta un espacio escénico conformado por paredes descuidadas, muebles antiguos, humildes, una mesa llena de sándwiches de miga, empanadas, bebidas y sillas que utilizarán los personajes para ocupar un lugar en la mesa y una posición al lado de la madre, constituyendo así, un cuadro familiar desnivelado.

La estética de las vestimentas representan a la perfección otra época de la sociedad argentina, mediados de los años 70, donde los hombres llevaban camisa y pantalón de vestir y las mujeres vestidos a tono, imperando los colores oscuros o grises.

Aquí, Gabriel es la excepción, vistiendo un traje deportivo que da cuenta de una manera más descontracturada y sirve para caracterizar a un personaje que realiza deporte.

En cuanto a las actuaciones, cabe destacar que las representaciones son emotivas, transmiten los dramas y las tensiones como también el humor en medio de un torbellino de miserias. La orientación de los personajes deja apreciar la expresividad de los cuerpos,  ocupando el espacio escénico y proyectando la voz, como técnica o recurso que da cuenta de una situación tragicómica, cual cuadro familiar al estilo “Esperando la Carroza”. Aquí, los gestos, la expresividad del rostro, son claves para que la comedia humana transcurra.

Si bien, todos los personajes tienen una impronta y una caracterización que transmite la tensión y el drama, el desarrollo interpretativo de Silvia Villazur es fundamental para darle la clave humorística al drama familiar.

Por otra parte, la música y la iluminación otorgan momentos centrales para la trama, dan una intertextualidad al guión y dan cuentan de los matices donde las sombras pueden devorarse lentamente a toda la luminosidad del cuadro escénico.

En conclusión, la obra “No hay que llorar” de Roberto Cossa, dirigida por Lizardo Laphitz es una pieza teatral imperdible donde se destacan las actuaciones del elenco y la trama que van del humor al drama y del drama al humor, como la vida misma.

Ficha:

Género: Comedia dramática

Actúan: Mariano Morelli, Matías Filguiera, Cruz Carot, Mavy Yunes, Nicolás Mizrahi, Silvia Villazur.

Dirección: Lizardo Laphitz

Dramaturgia: Roberto Cossa

Asistencia de dirección: Richard Courbrant

Escenografía: Ariel García

Vestuario: Alicia Gumá, Belén Echegaray y Caterina Aranda

Diseño gráfico: Ezequiel Caziano

Diseño de luces: Betina Robles

Fotografía: Nacho Lunadei

Asistente de producción: Luciana Fernández

Producción general: Altas Gafas Producciones

Duración: 60 minutos

Lizardo Laphitz

Actor, director y maestro de teatro.

Su formación actoral comienza con Raúl Serrano, luego con Hedy Crilla y finalmente con Agustín Alezzo en cuya escuela trabajó durante 38 años formando actores y dictando clases tanto para adolescentes como para adultos.

En 2014 abrió su propia escuela de formación actoral en Palermo, El Laboratorio de Teatro, junto al también actor, director y artista plástico Marcelo Zitelli.

En 1986 ganó el Premio Molière como Mejor Director por “Ceniza” de Janusz Glowacki y el ACE 2009 como Mejor Director de Teatro Alternativo por “Cena entre Amigos” de Donald Margulies.

Como actor, participó en más de 20 obras teatrales y trabajó también en cine, tanto en actuación como en dirección actoral. Su trabajo combina profundidad artística, rigor técnico y una fuerte vocación docente.

Categorías: Reseñas

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