Mazel Toc

Mazel Toc

Ficha

  • Datos de funciones:

    Info de las funciones en nuestra cartelera

  • Prensa:

    Daniel Franco

 

Tourette en primera persona

Mazel Toc, además de ser un biodrama excepcional, es la historia de vida de Nicolás Litman. En apenas un poco más de una hora, el protagonista de esta obra muestra su yo más íntimo y descarnado sin vergüenza ni miedo alguno. Al contrario, el espectador va a encontrarse con un actor valiente que lo invita a compartir, y en algunos momentos también a reírse, de su propia historia. Nicolás Litman se muestra despojado y vulnerable.

¿Distinto? ¿raro? ¿discapacitado? ¿con capacidades diferentes? Nicolás Litman sufrió en carne propia y desde muy niño lo que la sociología denomina el etiquetamiento: fue marcado como alguien que no se comporta de un modo normal, si es que existe algo que pueda ser llamado así. Nicolás se mueve mucho. Y no puede parar de hacerlo. Una serie de tics involuntarios lo acompañan desde niño y hasta hoy. También lo hace su toc, que se manifiesta a través de pensamientos intrusivos o de pequeños rituales obsesivos.

Entonces, la pregunta que motoriza toda la obra podría resumirse así: ¿cómo es ser un niño neurodivergente en la década de 1980? Contar la historia propia parece ser una manera de sanar un trauma que lo acompaña desde que tiene cuatro años, cuando comprendió que era distinto: porque él no era como los demás compañeritos de la escuela. Tenía algo que todavía las ciencias médicas no habían patologizado ni etiquetado. Eso se llama hoy el síndrome de Tourette.

En un despliegue físico notable, Nicolás Litman va repasando cada uno de los momentos de su vida y cómo fue vivirlos, como niño de la colectividad judía, que además padece ese síndrome. Algunos de esos momentos probablemente no puedan ser recordados por el propio actor, pero sí son imaginados en la obra: ¿cómo fue el momento de su circuncisión en su más tierna infancia cuando ya parecía distinto a los demás? Las dudas y los temores se instalan en la mente de los padres, también en la del rabino encargado del rito judaico.

La escenografía es apropiada y no necesita de más: un conjunto de cajones iluminados que rodean al actor y que permiten que el espectador no pierda el foco de la obra: Nicolás Litman y su historia atraen la mirada todo el tiempo. Un conjunto de objetos, además, permiten apuntalar las distintas paradas obligadas de esta historia: una campera de egresados del secundario, o un traje y un teléfono celular para personificar al desagradable jefe de su primera entrevista de trabajo.

El trabajo con las pelucas debe ser destacado: permiten imaginar muy fielmente cada uno de esos momentos que Nicolás desea contarnos a nosotros, los espectadores. Aún sin conocerlo, el espectador siente que podría haber sido amigo de Madera en el colegio secundario. O también puede imaginar a su bobe, que se acerca y nos convida unos knishes de papa crujientes.

La puesta escenográfica que logra Fernando Ricco, el director de la obra, se luce porque crea, a partir de una historia de vida, la de Litman, un retrato supremo sobre lo que vivir con Tourette implica. Y no lo hace desde un costado dramático exclusivamente: por el contrario, quiere interpelar todas las emociones del espectador: que se enoje con el bullying, que se entristezca con un desamor escolar, que se enternezca con el afecto que no pide nada a cambio de una abuela, pero que también se ría un poco de esos tics involuntarios, que como ráfagas de viento llegan en los momentos más inapropiados para recordar que también somos humanos.

Un comentario aparte debe hacerse sobre el magnífico plan de iluminación. Nicolás Litman desaparece, da la espalda y reaparece nuevamente bajo la luz artificial del foco transmutado en uno de los múltiples personajes que va a encarnar para comprenderlo mejor a él y a su padecer. Es muy probable que el espectador, cuando salga de la sala de teatro, haya aprendido algo más sobre lo que es convivir con el síndrome de Tourette. Además, la sensación que queda flotando en el aire es que el teatro salvó a Nicolás. Porque el teatro también sirve para sanar, para aprender, para compartir y para reírse de nosotros mismos. Porque, al igual que Nicolás, cada uno es un poco distintos, raro y diferente. Y el que diga que no que tire la primera piedra. Una obra única, de esas que hay que ver y recomendar.

 

Ficha:

Libro: Nicolás Litman, Fernando Ricco

Actúan: Nicolás Litman

Diseño de escenografía: Marina Alejandra Balduzzi, Fernando Ricco

Realización de escenografía: Marina Alejandra Balduzzi

Realización de pelucas: Mónica Gutiérrez

Video: Santiago Piatti

Fotografía: Omar Díaz

Prensa: Daniel Franco

Producción: Sebastián Kirszner

Dirección: Fernando Ricco

Género: Biodrama

Categorías: Reseñas

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