La fragilidad de las casas
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Cuidado, soy frágil
En La fragilidad de las casas hay un despliegue de talentos de principio a fin. Se combinan la acrobacia aérea, la música en vivo interpretada por los propios actores, la proyección audiovisual y una velocidad impresionante en la que cambian constantemente de personajes. Los cambios de vestuario y toda la utilería sale de una serie de cajas de mudanza envueltas en cintas de “frágil”, agregando comicidad al asunto y al mismo tiempo construyendo una metáfora de la fragilidad de las situaciones por las que la protagonista Casandra va pasando, teniendo que armarse de fuerza y valentía en el medio del caos y los cambios constantes.
La proyección audiovisual muestra, principalmente, la filmación en directo de una libreta preciosa, que contiene todas las casas en las que Casandra vivió. Ella misma va pasando de página y hace visible una nueva casa en cada una. Todas las casas tenían su propio nombre, un hermoso y poético detalle. Una estaba demasiado vacía, otra era pequeña, otra era grande y acogedora con un hermoso patio, en otra tenían que convivir con el nuevo novio de su madre, otra le brindaba la libertad que siempre soñó en su juventud… de esa forma el elenco va construyendo diferentes escenas fragmentadas de una vida entera.
Los vínculos familiares son los más importante al comienzo. Después los vínculos amorosos cobran relevancia, las heridas que han dejado esas pasiones, junto a las reflexiones que realiza Casandra, “me importaba tanto ser querida que…” dejó que la hieran, no se cuidó de un peligro o no puso los límites necesarios. Aquí es donde se denota la mirada feminista de la autora y directora Victoria Almeida, quien trata la temática de la violencia de género de una forma sutil y asertiva, enfocándose tanto en los micromachismos como en el empoderamiento feminino, y no en las tragedias más terribles.
Casandra dice que le gusta ser sutil, sarpada, seductora, suave, en un juego de palabras que empiezan todas con la misma letra. Lo mismo con la letra N, busca el norte, la noche, y así siguiendo con otras letras, construyendo un trabalenguas divertido y poético, que se reitera varias veces en la obra.
La fragilidad de las casas es una caja de sorpresas que nunca se detiene, donde van sucediendo en simultáneo una maquinaria de objetos, vestuarios, cinta de caminar, instrumentos, soga, arnés, y mil cosas más. Una forma de relato novedosa, fuera de lo convencional, que dan ganas de volver a ver.
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