Miss (soporte de ficción)

Miss (soporte de ficción)

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Cuerpo como canal

Este unipersonal propone un desplazamiento central porque no indaga sobre qué se recuerda, sino sobre cómo se recuerda y, fundamentalmente, desde qué soportes se sostienen esos recuerdos para luego generar una posible ficción. La obra se inscribe dentro de las prácticas escénicas contemporáneas de carácter perfórmatico, donde el cuerpo de la intérprete funciona simultáneamente como documento, archivo y superficie de inscripción.

La propuesta inicia con un gesto que opera como tesis de la obra: la intérprete, actriz y bailarina que, se encuentra en escena con anterioridad al ingreso del público, simula una alocución con mic que al instante se revela como reproducción. Puesto que, el audio levemente desfasado y con micro interrupciones, expone desde ese comienzo la falla del soporte y la imposibilidad de una restitución plena del pasado. Un error técnico como procedimiento donde el archivo entra en tensión con el repertorio de lo corporal, lo efímero y el gesto que intenta reponer lo que el archivo no retiene. Entonces, cuando la palabra grabada se traba, el cuerpo debe tomar la posta y bailar aquello que no puede decirse.

La puesta escénica refuerza esta idea porque la obra articula tres soportes que no son meramente escenográficos, sino conceptuales.

En principio, la proyección a gran escala sobre una pantalla que ocupa un lugar central de la escena y, luego sobre prendas de vestir donde el cuerpo deja de ser sólo intérprete para devenir soporte literal de imágenes. Se materializa así, la idea de un cuerpo-archivo donde la memoria se viste y el cuerpo la porta.

En segunda instancia, lo analógico funciona como contrapunto con la imagen digital, así, un televisor de tubo evoca las imágenes con otra calidad, de baja resolución e interferencias. Esta dualidad formal expone dos regímenes de la memoria idealizada y estetizada en alta definición, propia de la narrativa familiar y del rol de “Miss”, y la memoria residual, fragmentada y deteriorada que persiste.

Por último, una cámara en mano sobre material de archivo. El gesto de filmar en tiempo real fotografías y recortes íntimos no es ilustrativo, sino un acto performátivo de mostrar recuerdos, su acto de selección, enfoque y encuadre de ese pasado. Deja en evidencia que toda memoria implica una operación de montaje y, por lo tanto, un acto de ficción.

La figura de Miss evocada mediante la figura materna funciona como matriz de identidad y de género. Siendo un cuerpo evaluado, exhibido y premiado por la mirada de otro. La performer retoma ese mandato pero lo invierte, ya que no desfila para ser mirada, sino que se mira a sí misma.

Miss, soporte de ficción, despliega una cuota nostálgica mediante las TICS utilizadas pero, sobre todo, se presenta como una investigación sobre el trabajo de la memoria en un contexto donde la construcción identitaria se encuentra atravesada por la auto-documentación constante y, de ahí, surge una pregunta pertinente: ¿cuánto de lo que se cree de la identidad es un recuerdo real y cuánto es una foto que por mirarla tantas veces se termina actuándola? Por fuera de la ficción no hay respuesta, Miss asume esa ficción como soporte y es quizás, la única forma honesta de sostenerse.

 

Ficha

Creación e interpretación: Rosina Fraschina

Producción: Valentina Carballo

Coautoría: M. Florencia Álvarez, Rosina Fraschina

Vestuario: Melina Benitez

Escenografía: Noelia Volpe

Diseño de Iluminación: Ian Martin

Comunicación: Camila Meconi, Julia Cohen

Diseño sonoro: Luis Sticco

Operación y colaboración en Visuales y Sonido: Pedro Mauvecin

Diseño de video: Fernanda Ceballos, Rosina Fraschina, Camila Meconi

Coreografía: Carla Rimola

Género: Autoficción, unipersonal, teatro documental

Categorías: Reseñas

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