La paciencia (fatídica sindical)
Ficha
-
Datos de funciones:
Info de las funciones en nuestra cartelera
-
Prensa:
Prensópolis
La paciencia de las que ya no pueden esperar
Sólo quiero ser un enfermero cantaba Charly García en una de las mejores canciones de su consagrado álbum Piano Bar. Sin embargo, sería mejor si se tratase de una enfermera: como Ludmila, Silvia o Gloria, protagonistas estelares de esta comedia negra llamada La Paciencia. Fatídica Sindical. Pero querer ser como ellas no es una tarea fácil: de modo descarnado la obra busca que el espectador experimente en carne propia –que esté ahí, como gustan decir los etnógrafos- los sinsabores que se viven todos los días en un centro de ¿cuidados? para enfermos terminales. Un pequeño mundo, donde todo ocurre al mismo tiempo: la vida, la muerte, el amor, la amistad y el sufrimiento.
¿Por qué la paciencia? Porque hay que esperar. Pero también sufrir. Paciencia es un término que proviene del vocablo latino pati que significa, literalmente, sufrir o tolerar. Y eso hacen los pacientes de las salas de este hospital: esperan y, lamentablemente, también sufren. Física o psíquicamente. Pero Ludmila, en el cuerpo de Noelia Prieto, y Silvia, encarnada en Valeria Giorcelli también toleran: a sus pacientes, cuando las llaman una y mil veces, o cuando se propasan, pero también a la imponente Gloria, en la piel de Karina Elsztein. Gloria, la jefa de enfermería, parece controlar absolutamente todo lo que ocurre en esa sala de cuidados paliativos. Es como si no se le escapara nada. Incluso Gloria parece tener a raya hasta al mismo doc, el médico, su propio jefe, más preocupado por la vida familiar que por la salud de los enfermos, apelando al nombre del clásico cuento de Julio Cortázar.
El doc sólo aparecerá en escena a través de la lejana comunicación teléfonica: en cambio, son Ludmila, Silvia o Gloria las que siguen de cerca a sus pacientes. Las más preocupadas por mantenerlos con vida. Porque la muerte también espera ahí agazapada: de hecho, tiene tiempo de sobra para hacerlo.
La escenografía se apuntala con un nutrido conjunto de dispositivos tecnológicos: las cámaras de seguridad que monitorean la sala de cuidados intensivos y que Ludmila y Silvia temen, pero también el pequeño televisor donde verán a Gloria participando de una marcha sindical. ¿El reclamo? Los derechos siempre postergados de un actor clave del sistema de salud, las enfermeras, también el menos reconocido y más bastardeado por el saber-poder político médico. Porque los médicos no están disponibles para ocuparse del dolor del paciente de la cama tres. O de la caca del de la cama cuatro. Pero sí lo están Ludmila, Silvia y Gloria.
Si hay algo notable en La Paciencia. Fatídica Sindical es que el espectador olvidará por un rato que está en el teatro. Al contrario, sentirá que está frente a enfermeras de carne y hueso, y no de actrices que encarnan ese personaje. Desde ese punto de vista, las actuaciones destacan y son excelentemente logradas.
La puesta en escena que ha preparado Macarena García Lenzi, directora de esta obra, utiliza la iluminación para construir atmósferas: enfocados los rostros de abajo hacia arriba con luces potentes, se crean escenas de confesiones íntimas y profundas. Porque las protagonistas de esta obra también guardan secretos: el tórrido pasado de Silvia; los desamores de Gloria.
¿Es posible escapar y dejar todo atrás? Esa es la pregunta que se harán las protagonistas frente al evento fatal, central en la trama argumental de la obra. Sin embargo, ahí está Gloria, quien de nuevo y con mucha paciencia, impartirá las instrucciones del caso. Porque hay que seguir adelante. Porque ella se encarga. De las necesidades más básicas, del padecer y también de la muerte. Quizás de lo único que no pueda encargarse Gloria es del propio dolor que lleva dentro.
La experiencia sonora busca que el espectador se sumerja en distintos escenarios: el teléfono y el intercomunicador lo conducirán a la recepción de este centro de cuidados intensivos. El ruido de la multitud, evocado a través de la pantalla del televisor, lo guiará hacia una marcha sindical que termina con represión policial. Una canción meláncolica tocada en guitarra permitirá imaginar la intimidad detrás de la cortina del paciente que descansa en la sala cuatro.
¿Quién tiene paciencia? ¿Quién espera a quién? Son algunas de las preguntas que resuenan en el aire, después de ver la obra. Probablemente todos un poco. Los pacientes que en su dolor esperan por un trato digno. De las enfermeras, que ahí están siempre, pero sobre todo de sus olvidadizos familiares. También el doc espera. Sobre todo, espera que no lo molesten demasiado. Pero las que más paciencia tienen son ellas: las enfermeras que con total hidalguía se brindan a los demás todos los días, asumiendo riesgos, contagios y abusos. Esperan pacientemente que se les reconozca el rol central que tienen en el sistema de salud. Aguardan -quizás con demasiada paciencia- que se les dé el lugar que corresponde en el entramado institucional médico. Una obra para pensar un tema de notable actualidad, con alto voltaje político, que lo aborda con el objetivo de conmover, pero también de hacer reír al espectador. Una risa que, además, puede ser incómoda. Muy recomendable.
Ficha:
Dramaturgia: Macarena García Lenzi
Actúan: Karina Elsztein, Valeria Giorcelli, Noelia Prieto
Diseño de vestuario: Laura Ohman
Diseño y realización de escenografía: Duilio Della Pittima
Diseño sonoro: Laura Visconti
Diseño de Iluminación: Julián Alerta Mujica
Diseño gráfico: Martín Gorricho
Asistencia de dirección: Laura Visconti
Prensa: Prensópolis
Producción: Macarena García Lenzi, Laura Visconti
Dirección: Macarena García Lenzi
Género: Comedia negra
Artículos relacionados
Escribe un comentario
Only registered users can comment.

