La lección de anatomía

La lección de anatomía

Ficha

  • Datos de funciones:

    Info d las funciones en nuestra cartelera

  • Prensa:

    Mutuverria Pr

 

Deseo recuperar mis sentidos

La lección de anatomía es una obra arriesgada y compleja. En escena, lo simbólico del gesto se entrelaza con la palabra para crear un ambiente cargado de dobles significados y sutiles concordancias. El elenco logra compenetrarse en una coreografía perfecta, transitando por escenas que capturan lo esencial de la condición humana en los tiempos que corren.

Aunque el texto se estrenó en 1972, sus ideas conservan una vigencia extraordinaria; no por nada su autor, Carlos Mathus, logró mantenerla en cartel de manera ininterrumpida durante treinta y seis años. El secreto de su permanencia radica en que interpela dilemas universales: el amor, el miedo al fracaso, el aislamiento, el rol del individuo en la sociedad, la frustración y la autodestrucción.

La pieza abre con La recuperación de los sentidos, una escena íntima y ritualista donde hombres y mujeres, completamente desnudos, se reconocen paulatinamente sobre las tablas, experimentando por primera vez con su voz y redescubriendo el tacto. Este comienzo trasciende lo puramente estético: muestra cómo esa corporalidad despojada se va vistiendo y amordazando a la vez, ocultándose tras accesorios y actitudes que solo camuflan un deseo genuino de conexión real. En este fragmento, la figura de un hombre de cuerpo musculoso y semblante obtuso navega entre ellos; los viste y desviste como un dios. Parece el prototipo rígido de la fuerza operante, una divinidad ajena al ser humano, altiva, solemne y masculina. Cabe preguntarse: ¿no hay espacio aún para otra representación de lo divino?, ¿qué buscaba comunicar Mathus con esta figura?

De aquel primer intento sensitivo, la puesta se sumerge gradualmente en lo más crudo y oscuro del ser humano: el amor aprisionado por el sistema, las relaciones de poder, la exigencia del éxito impuesta a los cuerpos y a las mentes, la justificación pueril del fracaso o el laberinto que un hombre recorre, hacia su propia destrucción.

Todo ello estalla en escena con una potencia titánica. Los cuerpos se gritan, se golpean, se machacan, se mienten; se agotan y se fustigan para llegar. Para llegar ahí arriba, donde la sociedad ordena. La obra se transforma en una vorágine angustiosa que obliga al espectador a contener la respiración. Lo que nace en las tablas resuena de inmediato en la vida de la platea.

Mathus supo anticipar ese impacto, y por eso el final de la obra siembra un suspiro colectivo en la sala. Así se despliega El reconocimiento, la escena donde el elenco rompe la cuarta pared y se acerca al público, reconociendo los cuerpos de los otros y calando, con caricias curiosas, las pieles que allá en el patio de butacas observaban la degradación en absoluto silencio.

Al final, La lección de anatomía deja al espectador en un espacio incómodo y necesario. Coloca un espejo en el escenario que le recuerda que, a pesar del paso del tiempo, el ser humano sigue necesitando urgentemente recuperar la sensibilidad que tan fácilmente se pierde en el correr cotidiano.

Ficha:

Autor: Carlos Mathus

Dirección general: Yamila Gallione

Actúan: Marcos López, Camila Vaccarini, Franco Genovese, Cristian Frenczel, Agustina Sena, Omar Ponti, Natalia Duzdevic

Asistente de escena: Sebastián Pérez Tetamanzi

Música original: Melina Otero, Martín Sciaccaluga

Coreografía: Carlos Mathus

Realización de vestuario: Antonio Leiva, Mirta Liliana Palacio

Diseño de luces: Antonio Leiva, Stefany Briones Leyton

Operación de luces: Pablo Barbetta

Técnico: Miguel Ángel Segovia.

Comunicación y prensa: Mutuverría PR

Asistencia de dirección: Cristian Frenczel

Producción ejecutiva: Anggie Zamora Valladares, Cristian Frenczel, César Mathus

Producción general: Antonio Leiva

Duración: 90 minutos

 

Categorías: Reseñas

Escribe un comentario

Only registered users can comment.