He nacido para verte sonreir (Madrid)

He nacido para verte sonreir (Madrid)

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: Sala José Luis Alonso
    Del 1 al 19 de marzo
    De miércoles a viernes, 20:30h
    Sábado, 18:00h y 21:00h
    Domingo, 19:30h
    Teatro de La Abadía
    C/Fernandez de los Ríos, 42
    28015 • Madrid • España

 

Un “melodrama de madre” contemporáneo

Al ir a ver “He nacido para verte sonreir” uno no puede dejar de evocar ese “monodiálogo” de cinco horas de Carmen Sotillo ante el mudo cadáver de su esposo, Mario. Pero en esta obra, a diferencia de la novela de Miguel Delibes, cabe la esperanza de que en algún momento el interlocutor de Miriam, su hijo autista, le responda; al menos con una sonrisa. Ese es, tal vez, el principal conflicto de la obra.

Una madre resignada a ingresar a su hijo en una clínica para enfermos mentales, a la espera de la llegada de su marido para que los lleve en el coche hasta esa institución. Mientras, hace un último intento de acercamiento, de comunicación recíproca, al menos como al que llegaron en alguna época. A través de una larga retahíla de lugares comunes, recuerdos de su propia infancia y la de su hijo, grandes verdades expresadas con la más bella candidez, declaraciones de amor, incluso anécdotas graciosas, la protagonista nos confiesa su desazón.

Es un texto duro, trágico, con pequeños momentos de humor y de intensa ternura, de Santiago Loza, especialista en obras teatrales y cinematográficas en las que retrata con profundidad personajes femeninos. La dirección, del galardonado Pablo Messiez, sabe conjugar la sencillez del lenguaje del personaje materno con la profundidad de sus emociones, contenidas en su desesperación. La interpretación de Isabel Ordaz es conmovedora, tanto como la de Nacho Sánchez, que solo con gestos consigue trasmitir al espectador mucho del mundo interior de su personaje. Muy logrado el manejo de luces de Paloma Parra, generando pasajes intimistas con una luz tenue que parece sumergirnos en un ensueño, en contraste con la iluminación plena de la cotidianidad. Mención aparte merece la escenografía de Elisa Sanz, que superpone el mobiliario completo de una cocina en “L” al uso, con malezas secas, lúgubres, terroríficas, que rodean y acechan el hogar, la familia, la relación madre-hijo.

Ficha:

Con: Isabel Ordaz y Nacho Sánchez

De: Santiago Loza

Dirección: Pablo Messiez
Categories: Reseñas

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