La misma culpa

La misma culpa

Ficha

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  • Prensa:

    Kevin Melgar

 

Tanto en celebridades como en seres anónimos

Cuando el pintor Pablo Picasso tenía trece años vivió un trauma por la muerte de su hermanita ocho años menor, que creó un patrón de sufrimiento que el artista asoció con la existencia creativa. El impacto psicológico se vio agravado por una promesa fallida: antes de morir, el pintor rogó a Dios que salvara a su hermana a cambio de abandonar el dibujo para siempre.

«La misma culpa», es un drama sobre silencios familiares, a partir de un hecho traumático del pasado. Escrita por Graciela Raszer y dirigida por Judit Gutiérrez, la pieza explora la culpa, los mandatos familiares y la necesidad de romper patrones heredados.

En el relato creado por Raszer, un lugar similar al del genio español es ocupado por el joven Máximo Ochoa, que interpreta al único hijo varón de un matrimonio de campesinos a mediados del siglo pasado. Con gestos que acompañan su estampa ingenua y tímida, fruto de una crianza propia de ese medio y esa época, su aspecto cambia de acuerdo al paso del tiempo, entregando un personaje tierno pero seguro de sí mismo.

Aunque el interés no está puesto en la antítesis campo-ciudad, aparece esa tensión lógica, ya que el padre espera que el hijo acompañe la tradición laboral de la familia. Con recursos sonoros (acordes de guitarra o sonido de un tren que parte) austeros pero suficientes, fácilmente se un tiempo y un espacio.

También, aparece un mandato no dicho, por parte de la madre (Beatriz Mayorga encarna con soltura a una madre creyente, aniñada, y sobreprotectora) que tras una pérdida irreparable también pierde la salud mental, acrecentando la tragedia. Hay un deseo de saber que obliga al hijo a emprender el camino del conocimiento a nivel universitario, que será el motivo que lo aleja del hogar.

Los celos son parte de los sentimientos que el padre (Juan Mauel Romero, compone con rigurosidad a viejo agnóstico, contradictorio, testarudo, pesimista y gracioso; querible por su dimensión humana, y que con poco, dice mucho) no puede disimular sus celos ante las atenciones que prodiga la mamá a su hijo que viene de visita.

Los diálogos muy bien logrados contraponen la imaginería de diferentes generaciones y sus distintas inquietudes; y para amalgamar “lo familiar” habrá en más de una escena una torta casera que es sinónimo de festejo; y sobre el final será -más allá de una vida signada por la tragedia- motivo de comunión.

En la función de estreno, la autora agradeció a su maestra de escritura y a quienes la acompañaron esa noche “en la hermosa aventura que es el teatro” y emocionada agregó: ¡Que viva el teatro por siempre!

FICHA

Elenco:

Beatriz Mayorga

Juan Manuel Romero

Máximo Ochoa

Dirección General:

Judith Gutierrez

Género:

Drama

Categorías: Reseñas

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