Drácula II. Resurrección
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Drácula vuelve, pero ya no bebe sangre
Pepe Cibrián Campoy siempre da que hablar con sus producciones y esta vez, no es la excepción. Con “Drácula II: La Resurrección”, el director apuesta a lo grande con la segunda parte de lo que fue el mayor éxito de su carrera y da la sensación de que busca crear un multiverso vampiresco… ¡aunque esta vez casi no hay escenas de vampiros!
Pero antes de continuar con esta reseña, es necesario compartir, mínimamente, de qué se trata la parte uno. Por eso, a modo de “servicio a la comunidad”, va un brevísimo resumen:
Basada en la novela de Bram Stoker, la historia comienza con Jonathan Harker, un joven inglés que se casará con su prometida, Mina Murray y que, previo al evento, viaja a Transilvania para asesorar al misterioso Conde Drácula en la compra de propiedades en Londres.
Al conocer a Mina, el Conde se enceguece de recuerdos y asegura que ella es la reencarnación de un antiguo amor. Está convencido de que ella debe estar a su lado y tanto se obsesiona con poseerla, que la secuestra. Muy cariñoso, Don Conde.
Tras una intensa lucha entre el bien y el mal, Jonathan, Mina y el profesor Abraham Van Helsing, logran enfrentarlo y poner fin al reinado de terror. Drácula muere. El ser de la oscuridad se desintegra cuando entran a la cripta y le clavan una estaca mientras dormía en su cajón.
En “Drácula II: La Resurrección”, Pepito Cibrián hace magia y trae la vida a Drácula de nuevo a los escenarios a 35 años de su mítico estreno y crea un musical que no tiene puntos medios: los fanáticos lo amarán o lo odiarán.
La obra comienza con Mina (Antonella Cirillo), madura y taciturna, llevando flores a una tumba a la que, según se sabe más adelante, va cada año de manera misteriosa.
Un imponente video en pantalla gigante muestra un ataúd con una suerte de momia dentro. De pronto, por obra y gracia de alguna fuerza desconocida, las envolturas se sueltan y se revela la cara de Wolf (Diego Duarte). El mensaje es claro: un muerto volvió a la vida… ¿Será el Conde? hasta ahí todo es confusión.
En todo este tiempo, Mina fue madre de Jonathan Harker Jr. (Michel Hersch) que casualmente conoce a Wolf al venderle una propiedad en Londres -el joven hereda el nombre y el oficio-
Wolf no se acuerda de nada. Tiene dinero para comprar un caserón, pero no revela nada de su historia personal: aduce que no tiene familia y que lo último que recuerda es que se despertó en una cama de hospital. Tiene amnesia.
Si bien no confía del todo en este nuevo habitante de Whitby, Jonathan le presenta a su madre y ahí todo comienza a ponerse raro.
¡Ojo! a partir de aquí algunos spoilers:
Un espíritu de las vidas pasadas, encarnado por la increíble Heidy Viciedo, intenta recodarle al Conde quién es. Al parecer, Dios le dió una segunda oportunidad de vida para reparar sus errores del pasado. Pero… ¿No era que Drácula era un ser de la oscuridad? qué generoso estaba “El Barba” ese día, che.
Aún así, el ex vampiro y ahora doctor acartonado, sigue deseando a Mina y vuelve a ir tras ella. Mientras a Jonathan algo no le cierra e intenta averiguar que esconde.
En líneas generales, la historia está más cerca de ser una novela romántica rosa de los años ´90 que una trama vampiresca y misteriosa. Muchos mortales, pocos seres sobrenaturales y casi nada de sangre.
El vestuario, diseñado por Vanesa Mascolo, es de lo más llamativo y destacado de la producción. Cerca de 240 trajes que llevan de viaje al espectador a distintos momentos y lugares durante la obra. Las telas parecen cuidadosamente elegidas: brillos, sedas, estampados llamativos. Todo combina perfectamente con el ambiente y las luces en cada escena.
Las gráficas en la pantalla gigante tienen un rol fundamental en la historia: marcan emociones, espacialidad y tiempos; delimitan el plano terrenal y el sobrenatural. Traducen en animaciones y videos lo que los protagonistas sienten.
La escenografía, muy simple, con poco mobiliario de época, se apoyó casi en su totalidad en las imágenes de fondo en pantalla: la ciudad, el cabaret, la iglesia, las habitaciones. Todo, todo con una estética que parece creada con inteligencia artificial. Una tendencia que se ve mucho en los escenarios últimamente y que de tan repetido, le hace perder personalidad al producto.
El elenco es de un muy buen nivel, aunque física y estéticamente muy parecidos entre sí. Antonella Cirillo se come la obra y se mete al público en el bolsillo: es fresca, graciosa y su interpretación, tanto actoral como vocal, dan gusto. A Diego Duarte se lo ve rígido y por momentos poco natural… Pero su voz es extraordinaria.
Si hay una particularidad en esta producción surgida del trabajo conjunto entre Cibrián Campoy y Rodas, es que la obra no se presenta en un teatro, sino en una carpa de circo con capacidad para 1300 que se montó en el Hipódromo de San Isidro.
Y aquí se pueden enumerar las ventajas y desventajas de este híbrido novedoso: entre los puntos a destacar, el espacio genera un ambiente íntimo. Desde toda ubicación el espectador está cerca del escenario. La puesta se ve desde todos lados salvo en los lugares que quedan detrás de los mangrullos de luces, que obstruyen la visión. Este es un detalle no menor a tener en cuenta al momento de sacar las entradas.
Entre los puntos menos felices, la acústica no tiene la misma calidad que en un teatro y el sonido se luce a fuerza de las bondades de la técnica.
Y por último, casi tres horas de espectáculo solo se resisten en los mullidos asientos reclinables que colocaron especialmente en el sector vip. Si lo que toca es el sector con los asientos duros propios de espacio circense, pronto se sentirá el dolor postural. Llevar un almohadoncito para sentarse es una buena idea.
Pepe Cibrián Campoy trae una propuesta nueva que generará polémica y será objeto de charlas, análisis y críticas. Drácula II Resurrección abrió la puerta a un universo vampírico que continuará y se alimentará de la sangre de muchos de sus personajes. Será cuestión de ver qué pasa a partir de ahora.
Ficha
Libro y Dirección: Pepe Cibrián Campoy.
Música: Pablo Flores Torres.
Intérpretes: Diego Duarte Conde, Antonela Cirillo, Heidy Viciedo, Michel Hersch, Melina Kantor, Thomas Alí Vallejo, Lujo Burgos, Daiana Chorni, Lina M. Cruz, Emiliano Cuetara, Sofía Daher, Yazmín Damoli Pedercini, Julieta González, Julieta Lamperti, Carmelo Lancava, Fernando Liao, Ana Loustau, Richard Manis, Sofía Matta Malaga, Micaela Mujica, Juana Nieto, Bruno Novas, Gabriel Renteria, Gustavo Ronchi, David Ezequiel Sosa, Eugenia Stanovik, Mateo Torino y Daiana Urruchúa.
Escenografía: Vanesa Abramovich.
Pantallas y visuales: María Eugenia Bras Harriott.
Coreografía: Matías Ramos.
Vestuario: Vanesa Mascolo.
Arreglos musicales: Yair Hilal.
Coordinación de actores: Juan Álvarez Prado.
Iluminación: P. Cibrián Campoy, Adrián Hawryszkow y Alejandro Huella.
Dirección de coros: Juan Pablo Ragonese.
Lugar: Gran Carpa Circo Rodas. Hipódromo de San Isidro (avenida Santa Fe y avenida de la Unidad Nacional).
Duración: 2 horas y media con intervalo.
Género: Musical
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