Cinco monjas y un muerto

Cinco monjas y un muerto

Las sospechas son muchas, las risas son más 

 

En un teatro cuya programación parece un viaje en el tiempo a los años 90, «Cinco monjas y un muerto» se diferencia y se destaca: encuentra su propia personalidad en el humor negro y el doble sentido, pero se aleja de las fórmulas de comicidad misóginas o descalificantes. La obra propone una historia sólida, con ribetes inesperados y muchos momentos graciosos.

 

Cinco hermanas muy particulares reciben al público en el ambiente lúgubre de un convento con enormes y coloridos vitrales. Charlan entre ellas, rezan nerviosas, se las nota incómodas. Algo ha pasado, pero el público aún no lo sabe.

 

La historia transcurre en una noche tormentosa: la madre superiora ha muerto y todas las religiosas son sospechosas. El arrabalero detective Wilson (Walter Smiraglia) y su miedoso ayudante Scooby (Javier Da Silva) intentan esclarecer el caso y comienzan una ocurrente rueda de declaraciones.

 

Todo lo que pasa desde entonces es un vaivén desenfadado entre desanudar la trama policial, tratar de encontrar al asesino y al mismo tiempo, entregarse a las risas sin vergüenza.

 

La comedia es, tal vez, de los géneros más complejos y de mayor exigencia: el elenco de “Cinco monjas…” está a la altura. ¡Hasta tienen un cuadro musical que parodia una reconocida obra de Broadway!

 

Con una energía envidiable y un maquillaje difícil de olvidar -en el que las cejas no pasan desapercibidas- los actores y actrices se entregan a la historia y construyen personalidades de lo más variopintas.  Esther (Vero Altieri), una hermana ansiosa, mal hablada y desenfadada.  Isabel (Kervin Semprun) es una latina exagerada y adorable. Silvina (Gerard Gabriela) es “casi” muda pero tiene mucho para decir.  Eugenia (Florencia Midu) es ciega, pero eso no le impide ver el “tamaño” de las cosas. Y por último,  Antonia, (Andrew H White) una atrevida monja negra con acento español.

 

Sin ánimo de spoilers, vale destacar los giros que propone la actriz que interpreta a la hermana Silvina: Gerard Gabriela  tiene un timing humorístico impecable. Encuentra huecos clave en las conversaciones para introducir gags que quiebran gratamente el ida y vuelta de la letra. Un diez.

 

La técnica en esta ocasión merece un párrafo aparte: la música, los efectos sonoros y las luces ocupan un rol clave en la historia y están perfectamente coordinados.  Ambientan y embellecen la puesta, enfatizan momentos y crean climas fundamentales para comprender el hilo narrativo.

El director y dramaturgo  Pablo Ocanto es venezolano y hace casi 7 años vive en Argentina. Él es quien lleva con precisión el timón de este talentoso equipo. “El teatro salva” dijo Ocanto en alguna ocasión a los medios y esta obra lo ratifica: En tiempos de caras largas, 60 minutos de risas y sorpresas son un bálsamo de paz.

 

«Cinco monjas y un muerto» logra equilibrar con inteligencia la trama policial y la comedia, sosteniendo el interés de principio a fin. Una propuesta artística que apuesta al humor sin ofensas y que confirma que, cuando hay buen trabajo actoral y dirección clara, la risa también puede ser un territorio sofisticado.

 

 

 

Ficha

Dramaturgia: Pablo Ocanto

Actúan:
Esther: Vero Altieri

Isabel: Pablo Ocanto y  Kervin Semprun

Silvina: Gerard Gabriela

Eugenia: Florencia Midu

Antonia: Andrew H White

Detective Wilson: Walter Smiraglia

Scooby: Javier Da Silva

Vestuario: Yovanny Duran

Asistencia técnica: Daniela Bravo, Ezequiel Gonzalez

Coordinación de producción: Leonardo Ramírez

Dirección general: Pablo Ocanto
Duración: 60 minutos

Clasificación: ATP
Género: Comedia policial.

Categorías: Reseñas

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