Como arena entre las manos

Como arena entre las manos

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: domingos a las 19:00hs Sala Tuñón del
    Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543).
    Figura invitada: Claudia Lapacó

  • Salas:

    Prensa: Pashkus

 

Atesorando felicidades pasadas en frasquitos

Un texto normativo. Un paisaje costero autóctono en la memoria. Una sorpresa en una voz especial. Una actriz que puede con toda una platea. Esto y mucho más es la propuesta de Pablo Mascareño, autor y productor de Como arena entre las manos.

Situado en los balnearios de Miramar, el espacio escénico describe unos pocos objetos que nos garantizan la imagen playera: reposera, toallas, elementos que describen el veraneo habitual. Nuestra protagonista, Ana María Cores, evoca una infancia rodeada de su familia, asidua de la costa bonaerense, amante de aquella ciudad que amadrinó su infancia. La abuela Margarita, matriarca indisputada y dueña del afecto de sus nietos, revive en la voz de la actriz. De ella suscitan las experiencias de una infancia feliz, de ese sentir intenso y felicidad pura que se imprimen en el pecho de quienes tuvimos aquella fortuna.

En este tono cálido como brisa veraniega, las partituras del inconfundible Carlos Gianni permiten a nuestra anfitriona desplegar su talento vocal. De estas composiciones se desprende la estructura narrativa, el “Reglamento de baños para el puerto de Mar del Plata”, data de 1888. Cada regla es acompañada de esas melodías que delatan la mano del compositor.

Así, la combinación es inédita: de la rigidez de la norma avejentada se desprende una bella pieza artística. La normativa exhibe entonces ese papel curioso de la represivo: no se trata de puro “no”, sino una serie de actitudes por las cuales nuestra protagonista vive, tanto dentro como fuera de la ley, una infancia feliz. En una suerte de metáfora de la mejor versión posible de los años mozos, se trata de la administración de la felicidad, de aquellos fragmentos que embotellamos en nuestra infancia, en complicidad con quienes nos rodean y propician esa experiencia dulce que nos acompaña toda la vida. La felicidad administrada.

Como arena entre las manos es una caricia al alma. Su tierno e inocente (y no por ello, ingenuo) relato con gusto a Midón, se presenta como un espectáculo de nostalgia sin melancolía, un mimo directo a nuestra memoria emotiva. Entre el ingenioso hecho artístico que vuelve normativa en arte y la brillante presencia de Cores que, en su rojo atuendo, se adueña del público, pocos podemos permanecer impávidos ante un relato conmovedor en su sencillez y original en su enfoque. Pocas visiones pueden evocar tan atinadamente la infancia feliz de la belle epoque local. No sorprende la sala llena como si de verano de Buenos Aires en la costa se tratase.

Categories: Reseñas

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