El tipo

El tipo

Ficha

  • Datos de funciones:

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  • Prensa:

    Carolina Alfonso

 

Historia de una obsesión

 

El tipo recibe al espectador impertérrito. Serio, de pie, ni una mueca asoma en su rostro. El tipo, además, intimida. El tipo es cualquier policía de la Ciudad de Buenos Aires que, en una de sus habituales rondas, conoce ¿casualmente? a Mechi y se enamora perdidamente. Mechi, más bien, quiere olvidar lo más rápido posible ese confuso encuentro iniciático, confuso y violento, y sepultarlo en lo más recóndito de su memoria. Él, en cambio, sólo quiere protegerla.

El tipo, encarnado por el intimidante Lisandro Penelas, va a seguir a Mechi a escondidas. No tiene otra forma ya que, si no, ella saldría corriendo, espantada de temor. Pasará por la tienda comercial donde ella trabaja, cada tanto, tan sólo para contemplarla, para ver si ella sigue ahí. Y sí, ella sigue ahí, sin sospechar que la vigilan.

A su modo la posee, silenciosamente. Pero no le alcanza: el tipo quiere más.

En épocas de Internet, redes sociales y algoritmos, el tipo va a stalkear a su presa. Descubrirá fotos, viajes, amigas. Incluso comprará los discos y libros favoritos de Mechi. Cantará las mismas canciones que ella, disfrutará de los mismos autores literarios.

El tipo es un hombre de bien. Se crió con su abuela y tiene los mejores valores morales: los que ella le inculcó de niño. Pero hay algo con el tipo que no cierra. Y nadie sabe bien qué es. Salvo Sandrini.

Sandrini, un muy divertido personaje evocado a lo largo de toda la obra, el comisario y todos los muchachos de la comisaría huelen algo raro con el tipo. Olfato policial, se dice en la jerga. Porque el tipo es muy retraído y no parece disfrutar de las mismas cosas que cualquier macho policial: por ejemplo, ir a visitar a las chicas trans a la zona roja. Tampoco quiere medir su miembro con el de los demás, en el sórdido baño de la comisaría. Y, por si fuera poco, tampoco habla sobre mujeres. ¿Qué clase de tipo es el tipo?

Con la dirección de Ana Scannapieco, El tipo busca incomodar al espectador desde su ingreso a la sala hasta que se retira. A través del excelente trabajo de iluminación de Soledad Ianni se recrean momentos sumamente íntimos: entre luces y sombras se puede penetrar la psiqué del tipo, aunque es difícil adivinar qué es lo que está pensando en cada momento de la obra. Sus silencios son, como mínimo, indescifrables.

El tipo es la historia de una obsesión machista plagada de momentos tensos, pero también algunos donde el espectador se reirá (aunque incómodamente). Sobre todo, eso ocurre con cada uno de los exabruptos de Sandrini y ese típico humor de varones, tan anclado en lo más profundo de la masculinidad hegemónica.

En este unipersonal, Lisandro Penelas sobresale por su performance física: no sólo interpreta el personaje principal, sino que también evoca a todos los demás, Mechi, Sandrini, el comisario, las chicas de la zona roja. También canta, baila, recuerda los diálogos con su abuela. Es una notable actuación que, además, se despliega con total soltura por todo el espacio escénico.

La escenografía se compone de objetos mínimos (y le alcanza perfecto): un sillón con los libros preferidos de Mechi (y ahora también, del tipo, por supuesto), un perchero donde colgar la ropa de policía, una computadora para stalkear, obviamente, y un micrófono de pie desde donde el tipo va a contar su historia.

Una historia turbia, densa, turbulenta. Pero necesaria para repensar la construcción de las masculinidades en los tiempos que corren. Porque el tipo, aún con su enfermiza obsesión, es un varón desviado. Necesaria y para debate post-teatro.

 

Ficha:

Autor: Lisandro Penelas

Intérprete: Lisandro Penelas

Dirección: Ana Scannapieco

Asistente de dirección: Victoria Belén Rodríguez

Fotografía y diseño gráfico: María Laura Tavacca

Diseño lumínico: Soledad Ianni

Diseño de escenografía y vestuario: José Escobar

Prensa y difusión: Carolina Alfonso

Producción ejecutiva: Lucía Márquez

Género: Unipersonal

Categorías: Reseñas

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