Final de partida

Final de partida

Ficha

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¿Dónde quedó la humanidad?

 

En un futuro residual donde la humanidad y el tiempo parecen haberse quebrado, Hamm y Clov habitan una rutina llena de absurdo y angustia. Hamm, un amo ciego e incapaz de mantenerse erguido, y Clov, su hijo adoptivo y sirviente (por el contrario, imposibilitado de sentarse), ejecutan cada día un ritual ridículo de dependencia mutua. A este cuadro de decadencia se suman Nagg y Nell, los padres de Hamm, quienes con las piernas amputadas vegetan dentro de botes de basura, como restos desechables de un pasado que ya no volverá.

El argumento de Final de partida es bien conocido y la puesta del Grupo Genesis se ciñe bastante al mundo de su autor. Sobre el escenario, su dinámica se traduce en una intensidad física abrumadora, y se resalta lo humano que brota de lo monstruoso. Así, Hamm trasciende la figura del tirano para revelarse como un artista frustrado, y cuentacuentos mediocre que, en el fondo, solo ansía el final. Y por su parte, Clov deja de ser un simple esclavo para encarnar la tragedia del hijo que no logra concretar su deseo más ferviente: huir, abandonar al amo y clausurar de una vez esa estancia perpetua en el encierro.

Además, esta asfixia emocional dialoga perfectamente con la escenografía de corte minimalista que se presenta a los espectadores. El búnker beckettiano, suspendido en la nada absoluta, lleno de sombras y completamente tapiado, se convierte en el tablero donde se despliega la bien conocida estética del payaso trágico. Creando un contraste entre la desolación del entorno y la comedia física que transforma la obra en una danza cómica de la desesperación.

Lo que más sorprende del espectáculo es, justamente, ese despliegue físico de los personajes. En piezas marcadas por el absurdo, es habitual caer en una letanía pesada o inconcreta que termina por distanciar al público; sin embargo, aquí la destreza de los intérpretes logra sortear ese riesgo. Con una entrega noble y honesta, los actores rescatan el texto de la monotonía, dotando de vitalidad un destino que, en otras manos, resultaría incómodo o tedioso.

De este modo, lejos de ofrecer el típico horizonte del absurdo, la puesta sumerge con gracia al espectador en la circularidad de los diálogos y del tiempo, creando una experiencia visual y sonora donde cada palabra pesa y cada silencio parece significar algo. De este modo, Final de partida se despoja de su supuesta densidad académica para transformarse en algo mucho más visceral: un crudo testimonio sobre el miedo al abandono y la inercia de seguir vivos.

 

Ficha:

Actúan: Daniel Di Rubba, Alberto Madin, Rubén Otero, Lina Rodriguez

Redes Sociales: Micaela Ventoso

Musicalización: Andy Buonfrate

Asistencia de dirección: Micaela Ventoso

Prensa: Tehagolaprensa

Dirección general: Alberto Madin

Genero: teatro del absurdo

Categorías: Reseñas

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