Las últimas lunas

Las últimas lunas

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: Reestreno: sábado 11 de febrero, 21:00 hs. Hasta el 3 de marzo.
    Funciones: sábados, 21:00 hs.
    Lugar: Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543)

  • Salas:

    Prensa: Octavia

 

Ensayo sobre la vejez

Un hombre mayor (Federico Luppi) y una mujer más joven (Susana Hornos) dialogan en una habitación de decorado infantil. Su relación no es, prima facie, aparente. Él espera en forma mustia por su hijo (Ramiro Vayo) escuchado con su tocadiscos a la esquina de la escena un coral de Bach. Éste resulta uno de sus últimos placeres de una vejez inercial, pues ha llegado el día de partir de su casa familiar para vivir en un geriátrico. ¿Qué significa “ser viejo” en nuestra sociedad? Semejante pregunta abre la reflexión de Las últimas lunas, de Furio Bordón y dirección de Susana Hornos.

La misma directora, en su personaje que toma sus recaudos antes de explicarse del todo al espectador, se pasea por el decorado, entre la cama con un sinfín de ropa apiñada en una valija antigua y las estanterías vacías. Al llegar él, lo interroga por su partida, por sus pensamientos, sus recuerdos de juventud. Provoca en él sensaciones diversas: nostalgia, apatía, enojos, sonrisas chabacanas. Esa es su función, la provocación. ¿Por qué no? Flota un temor sobre la platea: ¿qué será de ese pobre viejo? Una empatía un tanto curiosa, que parte de la premisa de fragilidad con cierta condescendencia. Aventuramos una primera premisa: no hemos asimilado el rol de la vejez entre nosotros.

Por fin llega su hijo, y sus nervios lo siguen cual aura por la habitación. Apronta la valija de su padre entre la sorna y la culpa. Su padre dialoga con esta mujer misteriosa, no advertida por el joven, para explicar ésta relación. Irrumpe otra perspectiva: el viejo como padre. Errores más, errores menos, el progenitor se haya en la situación de ser una molestia, siendo otrora el único responsable por las necesidades de su hijo. El acto simbólico de entrega del padre a una institución geriátrica desborda de sentido a un hijo apesadumbrado. La palabra “perdón” está latente en ambas caras de la escena. Una segunda premisa: ser, en la vejez como la entendemos, muchas veces se limita a términos como “padre” o “abuelo”.

Un segundo y conclusivo cuadro nos encuentra en el geriátrico, con el “abuelito” debatiéndose entre el lúcido debate interno y los diálogos proyectados sobre objetos. Narra algunas historias de sus vivencias en éste nuevo hogar a la vez que alza nuevamente la pregunta ¿Qué tipo de personas son los ancianos? Finalizado este movilizador espectáculo, la propuesta es la de repensar qué entidad tiene la ancianidad en nuestra cultura. Teatro dramático en la plenitud del término, Las últimas lunas nos invita a mirar esta omisión social, a ponernos en lugar de joven, de viejo, de hijo, de padre, a repensar la etapa invernal de la vida y hacernos cargo de que sea igual de cálida que la veraniega juventud. Como pocas, una propuesta teatral que se compromete con una sociedad que se piensa a sí misma y ser artífice de su progreso a través de arte.

Ficha:

Dramaturgia: Furio Bordon
Dirección: Susana Hornos
Actores: Susana Hornos, Federico Luppi y Ramiro Vayo
Asistencia de dirección y producción: Lucía Tomás

Categories: Reseñas

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