La América de Edward Hopper

La América de Edward Hopper

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: Horarios: jue 21:00.
    Sala: Anfitrión, Venezuela 3340

 

Negro sobre blanco.

El tiempo está raro en Buenos Aires; inestable, imprevisible. Uno no sabe con qué abrigo salir, e inevitablemente se arrepiente de la elección más tarde. Las noches parecen vibrar, son calurosas sin llegar a sofocar; húmedas sin que lleguen a ser muy pesadas. Últimamente el clima es un misterio. Es tan cambiante que en una noche uno parece vivir varias; y entonces todas las historias son posibles; uno se abre a lo maravilloso.

Precisamente La América de Edward Hopper, de Eva Hibernia y dirigida por Pablo Di Paolo es el camino hacia otro mundo, otro lugar, otro tiempo.

Eva Hibernia define en su escritura al misterio como el campo semántico de su dramaturgia; hace uso del tiempo no lineal; la referencia al laberinto y al inconsciente; la huella, la memoria; las puertas…el traspasar esas puertas…y la acción como verbo que traspasa todos los tiempos propiciando la trascendencia y la revelación del ser.

¿Por qué Edward Hopper? Hopper es un pintor estadounidense nacido en 1882 y fallecido en 1967. En sus pinturas, sobre todo las de interiores, plasma la vida cotidiana norteamericana de los años 1940-1950, principalmente en grandes ciudades como Nueva York. Pinta grandes espacios, enormes interiores donde predominan el contraste de sombras y luces; y un cromatismo acentuado por la utilización de una paleta fría y cálida que hacen de contrapunto. En este universo se encuentra casi siempre un personaje (a veces pueden ser más) en silencio, absorto en sus pensamientos, reflexivo. Aunque se nos muestra un tiempo detenido y mudo de esas grandes urbes hay sin embargo una fuerte sugerencia, una narratividad latente.

La América de entre y post guerras referenciada a través del pincel de Hopper, la poética pluma de esta española y el clima del teatro off de Buenos Aires  prometen ser esa noche especial de historias fantásticas.

La primera ambientación es la visual; el impacto que nos introduce en esa época y lugar mencionados lo hace de manera sobria y concisa: el vestuario y los objetos nos ponen en situación. Entramos entonces en la historia: Tomás invita a su novia Vera a acompañarlo en un viaje de trabajo. A lo largo de la obra, ese viaje no ocurre solo en un plano espacial. Ocurre en el plano del lenguaje, lo constitutivo. Diluye el adentro y afuera, el tiempo, lo real.

Vera construye un juego con palabras…

Las palabras, con sus significados, con sus formas y relaciones, con sus ecos y evocaciones; las que se defienden por sí mismas y que acusan; que son materia prima de nuestras máscaras.

“¿Qué haría yo sin mi máscara? – dice Tomás -, con lo que me costó construirme una identidad”

“Yo estoy hecha de palabras” dice Vera.

He aquí un poco esa soledad que vemos en los cuadros de Hopper; a estos dos personajes llenos de palabras, les cuesta comunicarse. Es que la palabra tiene tanto el poder de nombrar como también el de confundir.

Vera encuentra una vieja máquina que utiliza para escribir sus historias mientras vive en una habitación con Tomás, en Nueva York.

En una habitación de Nueva York viven la joven Miranda y su padre, ambos emigrados de Varsovia durante la Segunda Guerra. Él le dice que es absurdo vivir en los libros; ella le dice que está hecha de palabras.

El tiempo no lineal, el laberinto, las huellas, el misterio…todo está ahí, mezclándose a través de la relación de los personajes, de los puntos de giro y de quiebre de la historia, del uso del espacio escénico donde una modificación de los objetos habilita otros sentidos.

Las historias de Tomás, Vera, Miranda y su padre se entrelazan y las palabras que pueden ser solo manchas negras sobre fondos blancos… a veces los salvan.

La noche porteña cumple con el objetivo: una historia maravillosa ha sido contada, la acción fue verbo, los tiempos fueron traspasados y las revelaciones propiciadas.

Pablo Di Paolo encara este proyecto con sensibilidad y agudeza. Los actores que pusieron el cuerpo para ello fueron Julieta Darquier y Jesús Catalino Gómez. Sofía Davies, Félix Padrón y Aquiles Gotelli fueron los responsables del vestuario, escenografía e iluminación respectivamente, pero es necesario nombrarlos juntos porque son un elemento muy importante para la creación de la imaginería que nos lleva a Hopper y a la América de los 4050.

Categories: Reseñas

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