El amante de los caballos

El amante de los caballos

Ficha

  • Reparto:

    Funciones: sábados 20 hs.
    Duración: 45 minutos.
    Camargo 506, Villa Crespo

  • Salas:

    Prensa: Caro Alfonso

 

En el hijo se puede volver, nuevo.

Aunque es verdad que la frase “En el hijo se puede volver, nuevo” es de “Zamba para no morir” escrita por Hamlet Lima Quintana en este caso podemos traerla ante nosotros nuevamente y resucitarla. Es cierto que deberíamos hablar de una hija. Y eso haremos.

Una mujer en el medio de la enfermedad de su padre reflexiona, piensa, siente la historia familiar, las relaciones cercanas y no tan cercanas. Se pregunta sobre sí misma, sus deseos y gustos. Piensa en la visión de los otros integrantes de la familia y sobre su propio destino. La obra tiene como base el texto de Tess Gallagher, también llamado “El amante de los caballos”.

La obra dirigida por Lisandro Penelas es un unipersonal llevado adelante por Ana Scannapieco qué nos sorprende por el trato del texto, el manejo de los tiempos y la forma en que nos trasmite las emociones que el personaje está sintiendo: nostalgia, tristeza, amor, ternura, despecho, entre muchos otros.

Desde mi punto de vista, lo más sorprendente de Ana es la cita textual de muchos pasajes sin caer en el ‘memorismo’. Cuándo releí el cuento luego de la obra noté que había párrafos enteros. Pasajes exactos que salían de su boca. Sin embargo, no era un recitado. Cuándo ella lo decía, parecía natural, propio de una persona que lo está comunicando de manera cotidiana y coloquial. Un mérito imperceptible si no se lee la obra. Pero admirable uno pudo apreciar el texto escrito.

Pero, además del texto, cuándo vemos al personaje hablar de los recuerdos nos sentimos muchas veces identificados con ella. Por un lado, las burlas cuándo imita los comentarios de su madre; por el otro el sombrío miedo de convertirse en la peor versión de sus antepasados. Es que, cuándo Ana habla uno se dice “Yo también podría ser ese”.

La ambientación está pensada para que nos recuerde a una casa (o rancho en realidad) del interior del país: fuentes de lata, estantes de madera, utensilios típicos de la vida campestres.

Entonces, he aquí un potencial cambio: en vez de decir que su antepasado era un “Gitano” podría decir que es un “Gaucho”. En última instancia ambos arquetipos sufren el mismo destino: La injuria, la humillación y el descrédito. Quizá, para estas partes del mundo la palabra gaucho quede más acorde. Aunque es verdad que en el texto se habla de gitanos.

Lejos de las grandes urbes hay una complejidad silenciosa: la mirada de los demás pesan, y la de las familias aún más. Nuestros antepasados nos recuerdan el ‘bien’ y el ‘mal’ y nuestros progenitores luchan para que nos parezcamos sólo a los que ellos consideran buenos y justos. Finalmente, como bien lo podemos saber en el “Amante de los caballos” nosotros nos encontraremos a nosotros mismos y no volveremos a negar el “infame mundo de los bailarines y los borrachos”

Ficha:

Actúa: Ana Scannapieco
Música original: Hernán Crespo
Adaptación y dirección: Lisandro Penelas

Categories: Reseñas

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