Consorcio, el secreto

Consorcio, el secreto

Ficha

  • Reparto:

    Espacio de Teatro Boedo XXI
    Av. Boedo 853 Ciudad de Bs. AS.

 

El último recurso

La función de Consorcio, el secreto del último sábado fue atípica. No obstante, pese a la extrañez producida por la ausencia de un miembro del elenco principal, se logró superar con creces las dificultades gracias a una dirección con objetivos claros e ineludibles.

Dentro del teatro independiente, constantemente surgen obstáculos que se interponen entre el objetivo previamente planteado por sus creadores y la función en sí. Tanto el elenco como los colaboradores técnicos se ven sometidos a cuestiones ajenas a lo artístico para poder llevar a cabo la actividad con la que sueñan día a día. La obra dirigida por Rosario Zubeldía no fue la excepción. Debido a problemas personales, el papel de Hermelinda –generalmente interpretado por Stella Bozzi- se vio carente de intérprete. Son estos los momentos donde han de aflorar ciertos recursos y usanzas propias del teatro independiente para lograr que la obra pueda llegar a destino sin perder su calidad. Sus atributos no fueron los mismos, sino superiores debido a los dotes de su directora, quien supo ponerse en los zapatos de su dirigida e interpretar a Hermelinda de manera espléndida. Todas las miradas del público seguían a una Hermelinda que se entrometía en cada rincón de ese edificio para tejer redes y atacar a sus socias por las espaldas.

Consorcio, el secreto se concentra en lo que ocurre puertas adentro de los departamentos de un edificio en el que suceden cosas extrañas. A partir de un comienzo en el que no sólo se rompe con la cuarta pared, sino que apela al espectador directamente, obligándolo a interactuar con los distintos personajes, se logra que quienes asisten a la función se introduzcan de lleno en las idiosincrasias que acongojan a este grupo de mujeres que parecen dominar un edificio como grandes magnates han dominado países.

Caben destacar las interpretaciones de Titina González (Martirio) y Alfredo Rizo (Roberto), quienes lograron mantener su personaje a lo largo de sesenta minutos en los que jamás pudieron salir del escenario. El espectador, guiado por luces (de las cuales abundan en estilos y funciones, incluso apelando a linternas), se traslada a través de múltiples espacios. Este es otro de los aciertos de Zubeldía, quien ha logrado trasladar una dramaturgia pensada para un amplio espacio, a uno más pequeño sin ninguna clase de problemas. El espectador sabe en cada momento en qué departamento está, dónde están las puertas, ventanas, hall de entrada; y esto se debe principalmente a un manejo de actores que ha sabido trabajar en conjunto para generar una espacialidad única como recurso ante una disponibilidad pequeña.

Categories: Reseñas

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