Alfredo Casero

Alfredo Casero

Ficha

  • Reparto:

    7 de abril. Teatro Gran Rivadavia

  • Salas:

    Prensa: Vicky Roa

 

Una excursión a un artista único

Esta crónica sobre el show de Alfredo Casero en el impecable y muy bien acustizado teatro Gran Rivadavia es, con las disculpas del caso, la crónica de una crónica. La semblanza periodística del evento de un artista único se ve inexorablemente salpicada por el zeitgeist personal de quien tiene que vérselas con la contradicción entre lo que uno piensa y lo que uno admira. Porque resultan insoslayables para este cronista –pero también para el propio actor, quien se encargó de mencionarlo en reiteradas ocasiones- las sucesivas polémicas en las que se vio involucrado por declaraciones poco felices y tomas de posición ideológicas que van en el termómetro de lo simpatizante a lo abiertamente oficialista. No es cuestión de moralizar, pero tampoco de dejar pasar. Quien toma postura por un gobierno que llegó al poder tras mandato popular está en todo su derecho de hacerlo; pero quien niega el genocidio que abrió una herida en nuestro país que aún no cerró, merece ser señalado y puesto en su lugar. Pero ello no es contradictorio con un actor de genio y, quizás y sin temor a exagerar, la condición de ser el último artista de vanguardia de nuestro país.

Hay que decirlo: Casero te sigue cogiendo el cerebro. Es un actor total, un intérprete musical de sensibilidad exquisita, un deconstructor de la realidad aún no creada (como más o menos reza el programa del espectáculo), es un comediante que enarbola una bandera extraña, única, irrepetible, camaleónica y extremadamente individual: la de la sanata lisérgica, el juego de palabras, la poesía instantánea, la interpretación musical en el habla humorística, la chabacanería en la que también necesitamos embarrarnos, la complicidad intransferible con el público, la presencia escénica demoledora y cierto cosmopolitismo que aporta la cuota de elegancia que cierra el cóctel. Alfredo Casero es su propia orquesta, quien ejecuta la rítmica, la armonía y los solos deslumbrantes.

El nombre del espectáculo intenta ser un hilo conductor. El propio espectáculo intenta ser una “Disertación sobre lo bello, lo bueno y el bien”, pero más vale no guiarse por esa premeditación cuyos resultados arrojan error y atraso. La idea fundante se basa en una supuesta pulsión natural de los seres humanos por derribar y destruir inmediatamente todo aquello que revista las características de la belleza, lo bueno y el bien. Un mejunje positivista que no tiene ni ton ni son, que determina en palabras tajantes ciertas cosas como dadas y no como construidas, y niega toda posibilidad de confraternidad social.

También hay en las alocuciones de Casero cierta ponderación del saber enciclopédico, cierta entronización del siempre útil conocimiento de la mecánica. Hay prejuicio. Y hay referencias políticas. Constantes. Se refirió a sus antiguos laderos de Cha Cha Cha –sin mencionarlo, pero claramente en referencia  a Diego Capusotto- como aquellos que “tiran del carro de Ricardo y Analía, que son Néstor y Cristina” impugnando ideología, mientras que cuando cerró el show dijo todo lo contrario: “yo respeto a todos los que piensan distinto” ¿En qué quedamos? También se catalogó a sí mismo como un “hijo de puta”, en clave humorística pero abriendo el paraguas de una culpa que asoma.

¿De qué se trata el espectáculo? Es una pregunta difícil de contestar. Lo que sí es fácil de contestar es que vale la pena ir a verlo porque es asistir al vértigo de una cabeza en ebullición. Hubo sketches (algo muy parecido a “Vecinas chotas”); canciones (desde verdaderas joyas de su repertorio como el hitazo inexplicable “Shima-uta”, hasta “El gato no soporta radiación”, pasando por el tango nada casual “Desencuentro” y el clásico operístico “Factotum della cittá”, que Casero preparó para su personaje en la última versión de La peluquería de Don Mateo, que finalmente no protagonizó).

“Hace mucho que no hago algo artístico que me pare la pinchila”, dijo en referencia a un proyecto musical en ciernes: una nueva obra de Alfredo Casero sería un ventarrón fresco y necesario, vanguardista como siempre lo fue, políticamente incorrecto quizás, delirante siempre.

Casero sigue siendo inenarrable, complejo. Sigue siendo el mejor. El más gracioso de todos y el más delirante.

Categories: Reseñas

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